La luz en el dibujo

Septiembre 26, 2016, 6:18 PM

Alberto Durero (1471 – 1528), gran dibujante, pintor y grabador alemán, ideó en su momento algunos aparatos para resolver las problemáticas que le presentaban las dimensiones y la perspectiva de los temas que dibujaba. Estos inventos le permitieron tener mayor precisión sobre las formas de los objetos en sus representaciones y, por tanto, controlar las proporciones, los escorzos y las perspectivas de los mismos elementos en sus obras.

 

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Alberto Durero, Un dibujante haciendo un dibujo en perspectiva de una mujer, grabado en madera, 1525.

 

Si bien muchos de aquellos instrumentos ya habían caído en desuso con el pasar de los siglos, durante el siglo XX fueron prácticamente legados al olvido. No obstante, aún hoy la perspectiva, la forma, el trazo, la calidad de línea, la composición y las proporciones -entre otros-, siguen siendo de gran importancia para nosotros, los dibujantes contemporáneos.

Aquello que concierne a la línea no es lo único importante del dibujo, de hecho podríamos decir que es exclusivamente la mitad de la historia. La intensidad de la iluminación, en cuanto a los objetos, es el segundo elemento importante a considerar. Ésta implica, entre otros factores, el cómo producir la ilusión de volumen y, por tanto, el uso de contrastes -factor que incluso en el dibujo abstracto es esencial. El dibujo trata principalmente sobre las formas y la luz que éstas reciben y así ha sido estudiado a través del tiempo por gran cantidad de artistas. Tener control de la luz permite determinar la sutileza, teatralidad, exaltación, emoción, la atmósfera y el dramatismo de un dibujo. Bien podríamos decir que tener una clara intención de iluminación en una imagen bidimensional es tan importante que, en muchas ocasiones, es de eso de lo que depende el estar más cerca de bien lograr un dibujo o una pintura.

 

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Federico Barocci, Estudio de la mano de María de la asunción.

 

Cuando se habla de la luz en el dibujo, es tan importante hablar de contrastes como hablar de la forma, en especial tomando en consideración la geometría de los objetos, ya que de la geometría de un objeto depende siempre la forma en que la luz y la sombra aparecerán sobre él. Esto nos lleva una vez más al punto de partida, permitiéndonos ver cómo ambos factores del dibujo, tanto la línea como la mancha (que es como se trabajan la luz y la sombra), funcionan en conjunto.

 

 

” Toda la Naturaleza se puede reducir al cubo, la esfera y el cilindro”.

Paul Cézanne

 

Existen una gran cantidad de cuerpos distintos: circulares, planos, grandes, pequeños, cúbicos, cilíndricos, irregulares, orgánicos, etcétera. Al incidir la luz sobre cada uno de estos cuerpos, se producen patrones dibujísticos diferentes. Si a ello aunamos que estos cuerpos que reciben la luz, independientemente de su forma, pueden ser opacos, brillantes, mate, blancos, negros, o incluso que, en lugar de recibir luz, pueden ser ellos mismos las fuentes luminosas, entonces tenemos una gran cantidad de naturalezas de representación diferentes. De la suma de todos estos factores es de lo que trata el estudio de la luz en el dibujo.

 

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Rembrandt van Rijn, Cristo crucificado entre dos ladrones, 1653-55, punta seca con buril sobre papel.

 

Si además de dominar la línea y la forma dominamos la luz en el dibujo, adquirimos la capacidad de producir manifestaciones de luces que existen sólo en nuestra imaginación y de las cuales no tenemos referencia o, aún en el caso de tener una referencia visual, tendríamos la posibilidad de modificarla, si así lo deseamos. Bien podría ser ésta la luz de una bomba inmensa o la de una esfera luminosa volando. Comprender la representación de la luz en los objetos implica poder captar, a través del dibujo, distintas intensidades y refracciones de luz diversas en distintos objetos. Esto, como ya mencioné, implica analizar cómo los objetos reciben la luz, tomando en cuenta sus formas, así como los materiales de los que están hechos. Los materiales opacos se comportan de un modo, los brillantes de otro, los transparentes de otro, y eso sin tomar en cuenta sus texturas. Para entender cómo poder dibujar estas formas de manera controlada, e incluso espontánea, tenemos que entrar al estudio de la geometría.

 

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Distintos pintores de todas las épocas han dejado dibujos, frases, textos y libros completos donde hablan de lo valioso de la geometría en relación al dibujo, no sólo en cuanto a la estilización de la forma, sino también en relación a la comprensión de la luz. Hokusai, Salvador Dalí, Leonardo da Vinci, Rubens, Cézanne y otros, se han valido de la geometría para enriquecer tanto sus dibujos y su pintura, como la de sus alumnos.

Cuando en el dibujo se asocia la geometría con la luz, se produce el volumen, el cual es la capacidad de producir la sensación de tridimensión a través del contraste de luces y sombras. Los elementos más importantes para reproducir el volumen en dibujo son la luz, las medias luces o medias sombras, la autosombra y los reflejos.

  • Luces: Las luces son, en términos de contraste, las zonas de menor oscuridad de nuestros dibujos. Si bien no siempre tienen que ser blancas, por lo general es con ese color con el que asociamos las zonas de luz más intensas.
  • Medias luces o medias sombras: También conocidas como medios tonos, por lo general son el tono del papel o el lienzo sobre el cual vamos a trabajar cuando éste no es blanco y tiene un entonado previo. A partir del medio tono se trabajan posteriormente las luces y las sombras. En el caso de que nuestro lienzo sea blanco o negro, los medios tonos se crearán con el material con el que estemos trabajando, ya sea este lápiz de grafito, color, carbón o diversos medios de pintura.
  • Autosombra: La autosombra, en inglés conocida como core shadow, es un elemento que, al igual que los reflejos, es generalmente descuidado en la obra contemporánea. Para que un objeto se vuelva realmente tridimensional y dé la impresión de estar inmerso en una atmósfera con luz real y otros objetos que, a su alrededor, también refractan luz sobre él, es importantísimo no descuidar la autosombra. Ésta se produce entre el punto en que el objeto -sobre el cual incide la luz- se hace sombra sobre sí mismo y el reflejo luminoso que otros objetos producen sobre él del lado contrario. La autosombra es por lo general un sombra localizada que se caracteriza por ser la parte más oscura dentro de la misma sombra del objeto.
  • Reflejo: Los reflejos se producen en los objetos por la luz que otros elementos, que se encuentran dentro de la composición, refractan sobre los mismos. Los reflejos también tienden a ser descuidados en el dibujo, ya que muchos dibujantes llevan las sombras en los objetos hasta el borde de los mismos, descuidando así tanto el reflejo como la autosombra y perdiendo por ende la tridimensionalidad de los objetos representados.

 

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Steven Assael, Explicación de dibujo anatómico.

 

Uno de los grandes gozos del dibujo y la pintura es tener la capacidad de crear directo de la imaginación, la memoria o la mente y producir imágenes realistas convincentes, sin necesidad de atarse a las referencias. En el pasado, los pintores no tenían fotografías ni computadora y aun así produjeron algunas de las imágenes más impactantes y convincentes de la historia del arte, y sin tener siempre referencias fijas sin cambios como las que hoy día nos permiten la luz artificial y los instrumentos ya mencionados. Estos pintores tuvieron la capacidad de crear esas imágenes, sin depender exclusivamente de las referencias, gracias al análisis y entendimiento de las formas y de la acción de la luz sobre los objetos, entre otras cosas. A partir del análisis, y no sólo de la imitación, lograron la capacidad de representar todo tipo de objetos -inclusive sin conocerlos-, como es el caso del rinoceronte que alguna vez dibujó Durero.

Los artistas del pasado pintaron retratos sin tener a las personas posando todo el tiempo y, por tanto, sin referencias precisas de los tonos de su piel o de sus ropas. Pintaron atardeceres sin tener la capacidad de detener el sol en el cielo y estando completamente sujetos a las variaciones de la luz, logrando aun así representar un horario específico, siempre sin tener fotos a color de referencia. Y todo esto lo lograron gracias a varios siglos de análisis de la naturaleza, que fueron pasando de pintor a pintor a manera de técnicas, mismas de las cuales surgen las reglas del dibujo, la forma y la luz que aún se utilizan actualmente.

 

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John Everett Millais, Elizabeth Siddal – estudio para Ophelia.

 

3 comentarios to “La luz en el dibujo”

  1. Siegfried dijo:

    Está bien el artículo, solo que nunca en la historia del arte se ha realizado obra tan bien lograda en proporción, luz, volumen, etc., como la que se realiza hoy en día. Pensar que los pintores del pasado llamado clásicos hacían obras mas “geniales” es una clara tendencia al romanticismo, lo cual es contraproducente para el arte actual.

  2. Víctor González dijo:

    Un valioso comentario, saludos cordiales.

  3. Bruno dijo:

    Claro que nunca en la historia del arte se han realizado obras tan perfectas como las de hoy en día, todo gracias al PROYECTOR o cuadriculas al centimetro. Una discusión que sobra, cada quien toma su propio camino hacía la perfección técnica, como amante del dibujo y la pintura, me atrae el camino “romantico” de los maestros del pasado para analizar y comprender mi presente.

    “No hay nada nuevo bajo el sol, pero cuántas cosas viejas hay que no conocemos”.

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