El pintor francés más famoso del siglo XIX

Enero 23, 2017, 5:35 PM

Jean-Louis-Ernest Meissonier (1815 – 1891) fue el pintor más famoso de Francia durante el siglo XIX. Pasaba de 10 a 12 horas diarias en su estudio practicando su oficio y fue la precisión de su pintura lo que le forjó su reputación como artista, así como su fortuna. Subestimar o menospreciar su reputación o su pintura era inaudito en la Francia de la época. En ningún otro momento de la historia podemos encontrar a un pintor francés que fuera tan reconocido como él, cuya obra se vendiera tanto y a precios tan altos. De hecho, los precios altos estaban completamente garantizados a todo lo que su pincel produjera, aún antes de ser pintado.

 


Jean-Louis-Ernest Meissonier, The Portrait of a Sergeant (Retrato de un sargento), óleo sobre tela, 73 x 63 cm, 1874.

Meissonier no sólo era el pintor más cotizado, sino el que obtenía mayor atención pública. Mas esta atención no era exclusiva de los coleccionistas: cada año, durante el salón de pintura francesa de los campos Eliseos, la cantidad de espectadores que se agolpaban ante los cuadros de Massonier era tal que se tuvo que contratar guardias de seguridad especiales para cuidar de las obras. Se sabe que llegó a atraer más de un millón de espectadores a la muestra, cifra inaudita para la época. Coleccionado por los conocedores de arte adinerados de la época, como James Rothchild, sus pinturas demostraron ser inversiones tan lucrativas que se decía que la firma de Meissonier era tan valiosa como la del mismo banco de Francia. Los precios de sus telas alcanzaron cifras nunca antes vistas en la historia de la pintura europea, llamando así la atención de los coleccionistas por razones que iban más allá de la pintura, estando más bien relacionadas con el estatus y la apreciación de obra.

 

Jean-Louis-Ernest Meissonier, Les amateurs de peinture (Los amantes de la pintura), 1860.

 

El éxito económico de Meissonier fue acompañado por críticas de distintos tipos, aunque en general positivas. “Él es el maestro indiscutible de nuestra época”, declaró Eugène Delacroix, quién predijo al poeta Charles Baudelaire que “de entre todos nosotros, seguro es él [Meissonier] quien con mayor certeza sobrevivirá”. Otro de los amigos de Meissonier, el escritor Alejandro Dumas, lo llamó el pintor de Francia. A los ojos de muchos él era simplemente, como un periódico reportó, el artista más reconocido de su época.

Algo interesante es que, a pesar de su gran éxito, a Meissonier no le gustaban los tiempos en los que vivía. Prefería por mucho el siglo XVII e incluso épocas previas. Detestaba ver estaciones de tren, puentes de acero fundido, arquitectura moderna e incluso la moda moderna (sacos de frac, sombreros de copa, etcétera). Es por esta razón que hizo de la fachada de su casa un fiel homenaje al estilo del siglo XVII. Además, el interior de la casa estaba completamente decorada en el estilo de Luis XV, con tapetes caros y armaduras -entre otras cosas. Las pinturas de Meissionier eran iguales a su casa: catálogos completos de antigüedades. Se especializaba en pintar escenas de la vida de los siglos XVI y XVII. Retrataba hombres vestidos con ropa de mosqueteros, jugando ajedrez, leyendo o tocando instrumentos.

 

Jean-Louis-Ernest Meissonier, Connoisseur en el estudio del artista, óleo sobre panel de madera, 24.13 x 19.05 cm, 1859.

 

“Si no hubiera sido pintor, sin duda me hubiera gustado ser historiador”

Jean-Louis-Ernest Meissonier

 

Jean-Louis-Ernest Meissonier, Hombre joven con un libro, óleo sobre panel de madera, 15 x 18 cm, 1860.

 

En cuanto a su veneración por épocas pasadas, este pintor no se encontraba sólo. Pese a que el siglo XIX era una época que había presenciado la invención de la fotografía, el motor eléctrico y el motor a vapor de la locomotora, la gente estaba obsesionada con añorar la forma de vida del pasado. Había referencias al pasado en todas las esquinas de Francia: en la moda, la arquitectura y varias otras disciplinas. De hecho, el arquitecto más famoso de la época -Eugène Emmanuel Viollet-le-Duc (1814 – 1879)- se dedicaba principalmente a restaurar iglesias medievales a su esplendor original.

El crítico de arte más aclamado de Francia, Théophile Gautier, celebró la pintura de Meissonier diciendo que ésta era una completa resurrección de la vida de los años pasados y maravillosos. El público que se interesó en los cuadros de Meissonier sería el mismo público que hiciera de la novela Los tres mosqueteros (escrita por el íntimo amigo del pintor, Alejandro Dumas) el libro más exitoso de todo el siglo XIX en Francia. Lo que es más, si vemos con detenimiento las pinturas de Meissonier, nos daremos cuenta cómo éstas bien podrían servir de ilustraciones para el libro de Dumas.

 

Jean-Louis-Ernest Meissonier, Gentilhomme en costume Louis XIII (Caballero vestido con traje Luis XIII), óleo sobre panel de madera, 33 x 19.5 cm, h. 1877.

 

La temática de los cuadros de Meissonier no era lo único que le ganó el reconocimiento de la crítica, puesto que en realidad lo más admirado de sus cuadros era su nivel de detalle. A muchos les parecía imposible que las manos humanas tuvieran la capacidad de producir tal detalle en un trabajo de cualquier tipo. Las pinturas de Meissonier, que por lo general eran de talla moderada, recompensaban la observación prologada y minuciosas de los observadores curiosos.

 

Jean-Louis-Ernest Meissonier, Soldado fumando una pipa en un interior, óleo sobre panel de madera, 16.5 x 14. 3 cm, 1867.

 

La forma en que Meissonier realizaba sus cuadros históricos era particularmente interesante. Era tan minuciosa en su preparación previa como en el proceso de creación y en el resultado. Su sistema, el cual era a su vez el más utilizado por los pintores famosos de la época y avalado por la crítica especializada, implicaba una copiosa investigación histórica sobre las temáticas a ser pintadas. Las pinturas de Meissonier tomaban meses, sino es que años en completarse. La investigación previa a sus pinturas también tomaba meses. Por ejemplo, dedicaba mucho tiempo a investigar cuales eran los abrigos específicos que se habían utilizado en la corte de Luis XV, para luego buscarlos en tiendas de ropa usada o en lugares especializados. En el caso de no encontrarlos, simplemente los mandaba a hacer. En una pintura suya que representaba una batalla de Napoleón, llevó increíblemente lejos la precisión de sus modelos, particularmente el del campo de batalla.

Dicho combate había sido librado en la nieve, por lo que Meissonier empacó su estudio y se fue a la nieve. Por pasar demasiadas horas pintando en el frío, estuvo a punto de perder los dedos de los pies. Considerando el intento un fracaso, regresó a su estudio e intentó otra cosa. Esta vez hizo traer grandes cantidades de azúcar, que fue esparcida en el campo cerca de su estudio para asemejar la nieve. Llenaron un gran extensión de tierra con ésta, suficiente como para colocar modelos vivos y vestidos sobre la nieve y recrear la batalla. Por desgracia, el terreno se llenó de abejas y otros insectos, por lo que tuvieron que limpiar el lugar.

En un tercer intento hizo traer harina, que una vez más fue esparcida sobre el campo. Esta vez no llegaron abejas, pero el terreno y la casa de Meissonier se infestaron de ratones. Cuando sus colegas preguntaron a Meissonier por qué no simplemente pintaba con su imaginación, se negó rotundamente. Como él siempre decía: “si algo se hace, vale la pena hacerlo bien”.

 

Johannes Vermeer, La joven de la perla, óleo sobre tela, 44 x 39 cm, h. 1665.

 

Como dato curioso, una de las cosas importantes que le debemos a la pintura de Meissonier es el redescubrimiento del pintor de los países bajos Johannes Vermeer (1632 – 1675), durante el período en que este pintor francés fue más famoso. La causa es precisamente el gran detalle de las pinturas de Meissonier y la similitud que algunas de sus obras tenían con la pintura del artista holandés. La búsqueda desesperada de los coleccionistas por adquirir pintura con un estilo similar a la del artista francés produjo que la pintura de Vermeer se volviera reconocida en Francia durante dicho período. En las décadas posteriores la pintura de Vermeer continuaría siendo ampliamente reconocida en el mundo, mientras que la de Meissonier poco a poco pasaría a sólo ser valiosa por su valor histórico.

 

2 comentarios to “El pintor francés más famoso del siglo XIX”

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