Consejos para tener control al mezclar colores con blanco

Junio 26, 2017

El uso acertado del blanco es una de las habilidades más valiosas que un pintor puede desarrollar, sobretodo considerando que el manejo correcto de ese color es de las tareas más difíciles a las que se enfrenta quien pinta. El blanco tiene la característica de dejarse teñir fácilmente, requiriendo atención y labor considerables en el intento de lograr los tonos deseados cuando realizamos mezclas. La dificultad de su uso yace, en parte, en sus múltiples utilidades. El blanco es útil de forma muy obvia cuando se representan luces al pintar. Pero éste no es su único uso, pues también se usa para cambiar el matiz de ciertos colores o para sacar sus “colores ocultos”, por decirlo de cierta manera. Incluso es un color utilizado por pintores más avanzados para hacer cambios en la atmósfera de sus cuadros. Al aplicar cantidades controladas de blanco en medios tonos y en sombras es posible controlar de forma muy precisa la sensación lumínica general de una pintura.

Para aprender a utilizar atinadamente el color blanco no hay atajos. Para realmente poder controlarlo no hay más que pintar mucho. Sin embargo, existen ciertos consejos que pueden ser muy útiles para que éste nos responda mejor a la hora de estar pintando. A continuación desarrollaré algunos de esos consejos.

Reglas sencillas para tener mejores resultados en mezclas con blanco

El código más empleado mundialmente para hablar de color dicta que existen distintos nombres para referirnos a los colores. Matiz se usa al hablar de si un color es un tipo de rojo, naranja, amarillo, verde, morado, etcétera. Tono se usa para nombrar a los colores grises, los cuales pueden ser ocres, óxidos luminosos o mezclas de pigmentos de sombra con blanco. Sombra se utiliza para los colores más obscuros como los pardos, los negros o las tierras de sombra. Por último, la palabra tinte se utiliza para describir a los colores que contienen grandes cantidades de blanco.

A lo largo de este texto haré referencia a distintas de estas nomenclaturas específicas para agilizar mi lenguaje.

 

Consejos para mezclar distintos tintes de blanco

Mezclar tintes tiene una norma esencial: no agregar blanco al color, sino agregar color al blanco. Esta regla es de lo más simple y es de gran utilidad.

Un error común cuando deseamos alcanzar ciertos tintes de blanco -particularmente aquellos que deseamos muy blancos- es agregar blanco directo a los colores que deseamos blanquear. Debido a que los colores generalmente tiñen mucho más que el blanco, el resultado suele ser la necesidad de emplear grandes cantidades del mismo para lograr el tinte deseado. Por consiguiente, la tendencia es desperdiciar mucha pintura y ni siquiera lograr el tinte esperado, puesto que nos desesperamos antes de conseguirlo. La solución es agregar muy pequeñas cantidades de color a nuestro blanco, en vez de a la inversa. Agregar de a poco color al blanco nos brindará mayor precisión en nuestras mezclas y evitará el desperdicio de pintura, además del esfuerzo innecesario.

 

 

Tipos de blanco

Otro aspecto a considerar cuando deseamos realizar mezclas de tintes blancos es el tipo de pigmento blanco que utilizamos. Actualmente, los blancos más utilizados son el blanco de titanio y el blanco de zinc (o mezclas de ambos). Estos blancos, pese a ser ambos blancos, tienen características diferentes, como he mencionado en publicaciones anteriores. Una de las grandes diferencias entre ambos pigmentos es que uno es traslúcido, mientras que el otro es cubriente y tintante. El blanco de zinc es mucho más traslúcido y débil en su tintura; el blanco de titanio, en cambio, es más tintante y cubriente.

 

 

Mezclas muy blancas

Debido a que los blancos más usados poseen características distintas, los usos que se les dan también son diversos. Por ejemplo, cuando deseamos lograr tintes muy blancos es conveniente utilizar el blanco más tintante, que es el blanco de titanio. Esta predilección significará que tengamos que emplear una menor cantidad de blanco en la mezcla, dándonos un mayor margen de error. Gracias a que éste pinta mucho, podremos utilizar una menor cantidad de blanco en relación a la misma cantidad de pintura de color, logrando el mismo tono de tinte deseado.

Usar blanco de zinc para hacer mezclas muy blancas tiene varias desventajas, que no sólo tienen que ver con su baja capacidad de pigmentación. Se sabe que el pigmento blanco de zinc tiende a volver quebradizas las capas de pintura con los años. Es por esta razón que no es recomendable utilizarlo más que en bajas cantidades cuando se utiliza como componente de mezclas. Por lo tanto, no sólo su baja capacidad de pigmentación lo hace poco práctico en mezclas muy blancas, sino también su estabilidad en las películas de pintura.

 

 

 

Mezclas de poco blanco

Hay colores, como ciertos verdes, azules, morados y carmines, que pese a ser matices puros sin agrisamiento aparentan ser oscuros a simple vista. Para quitarles esa característica obscura se les suelen agregar pequeñas cantidades de blanco. Esto permite sacar la luminosidad “interna” de los colores, otorgando usos distintos para los mismos.

Muchas empresas de materiales mezclan blanco con este tipo de colores desde el envasado. Colores como el azul cyan primario rara vez son entubados sin blanco, debido a que la mayoría de los pintores desconoce este simple truco.

El blanco ideal para sacar la luminosidad interna de este tipo de colores es el blanco de zinc. Éste, como ya se mencionó, es poco tintante y en esta circunstancia nos permitirá mayor margen de error. Por otra parte, debido a que es un pigmento blanco translúcido, éste no interferirá tanto con el carácter verdadero del pigmento. El blanco de titanio, por otra parte, es un color muy opaco, por lo que cambiaría el carácter del color con el que se mezcle. Esta característica del titanio hace que las mezclas realizadas con el mismo sean descritas por muchos pintores como “gisosas”, cosa que sólo deja de ser aparente al utilizarlo en grandes cantidades.

 

 

Algunos colores pintan más que otros

Puesto que distintos colores están hechos con diferentes pigmentos, algunos pintan más que otros. Cuando realizamos mezclas de colores con blanco debemos tener muy consciente este aspecto de los pigmentos. Algunos colores como el negro de humo o el verde ftalo son sumamente tintantes, por lo que realizar mezclas de blanco -o de cualquier color- con ellos es una tarea que fácilmente se nos puede salir de las manos.

Por si fuera poco, las mezclas de los pigmentos mencionados, al igual que otros pigmentos muy delgados, pueden ser engañosas. Probablemente han experimentado que al mezclar un color con algún ftalo, ven el resultado de la mezcla de cierto matiz en la paleta y, al aplicarla, entre más se frota el pincel cada vez más sale el pigmento ftalo. Esto se debe a que ese tipo de pigmentos son tan delgados que es difícil mezclarlos en su totalidad. Es conveniente, por lo tanto, no confiarse con dichas mezclas. Vale la pena hacerlas con cantidades pequeñas del pigmento más tintante y no mezclarlas con pincel, sino con espátula. Esto es importante considerarlo en todo tipo de mezclas, pero especialmente en las mezclas con blancos.

 

Erik van Elven, En plein air (Al aire libre), 2014.

 

Ejercicios para aprender a realizar mezclas con blanco

Como mencioné al principio, el uso del blanco es una de las tareas más complejas que debe dominar un pintor. Para tener un entendimiento amplio del uso de éste no hay camino fácil; se debe pintar constantemente. Sin embargo, existen ciertos sistemas de pintura que nos hacen comprender mejor el uso de este elemento que otros. A mi parecer, la mejor forma para tener un buen conocimiento del uso del blanco es la pintura directa del natural.

La vida contemporánea y nuestra relación con la imagen a través del video y la fotografía, particularmente la digital, determina nuestra forma de ver y pintar. Muchos pintores -en especial los figurativos- trabajamos principalmente de referencias fotográficas digitales o stills de videos. Por supuesto, no hay nada de malo en ello, pero la luz y el color vistos en una fotografía o a través de una pantalla son muy diferentes de la luz y el color en el mundo real. Cuando pintamos de una fotografía, las luces que vemos en ella son tan blancas como en el papel o la pantalla nos lo permita. Sin embargo, estas luces nunca serán tan blancas o tan intensas como las luces de un foco o las luces del sol en el mundo real. Siempre serán “interpretaciones” o traducciones de las luces naturales. Lo mismo ocurre con las sombras. El negro que podemos ver en una pintura nunca será tan negro como la obscuridad que ocurre de forma natural debido a la ausencia de luz.

Esta circunstancia hace que cuando pintamos directo del natural tendamos a incrementar, tanto la blancura en nuestras luces, como la obscuridad o agrisamiento e nuestras sombras. Puesto que el rango lumínico que vemos en la vida real es siempre mayor, nuestra mente tiene la capacidad de traducirlo de forma diferente. Por si fuera poco, nuestros ojos reaccionan a la luz natural abriendo o cerrando el opturador. Esto hace que pintar directo del natural sea una experiencia que enseña mucho sobre la luz, el color, el contraste y cómo emplear el blanco de forma asertiva para generar sensaciones lumínicas o simplemente cromáticas.

 

 

 

Consejos para mezclar grises, medios tonos y sombras de forma precisa

Junio 12, 2017

Una de las herramientas más valiosas y sencillas para mezclar colores de forma precisa es el círculo cromático. Éste, cómo se mencionó en la publicación anterior, es útil para identificar de forma puntual los colores primarios puros y los que tienen ligeras variantes tonales. Al identificar estas diferencias obtenemos la capacidad de realizar mezclas de colores secundarios vibrantes o, en su defecto, la capacidad de realizar mezclas de colores “cortados”. Un color “cortado”, “quemado” o “sucio” (entre otros términos coloquiales) es un color agrisado.

Los artistas que llevan poco tiempo pintando, generalmente se interesan más por cómo lograr colores brillantes. Sin embargo, un pintor experimentado sabe que los grises, los medios tonos y las sombras son colores sumamente importantes. Esto, entre otras cosas, porque es a lado de estos tonos más apagados que los colores brillantes aparentan ser realmente luminosos. Pero ésta no es la única utilidad que tienen los grises, medios tonos y sombras dentro de la pintura.

En la última publicación me enfoqué en cómo utilizar el círculo cromático para conseguir matices luminosos de color. En el presente texto, en cambio, me enfocaré principalmente en cómo hacer uso del círculo cromático para conseguir medios tonos, grises y sombras de forma precisa. Hablaremos también sobre algunas características de las partículas de los pigmentos que hacen que algunas mezclas de colores sean más difíciles de lograr que otras. Estas diferencias en los tipos de pigmentos son particularmente importantes a la hora de mezclar colores agrisados, por lo que es vital mencionarlas.

 

 

El uso de grises en una pintura

Cuando pintamos exclusivamente con colores brillantes, todos los matices de nuestras pinturas compiten entre sí. El resultado de esto es una pintura sin puntos de atención definidos, lo cual no necesariamente es algo negativo. Sin embargo, siempre es valioso hacer uso consciente de los recursos que nos proporciona el color. Un buen balance entre grises, sombras, medios tonos y colores luminosos nos permite generar espacialidad, volumen, luminosidad, además de permitirnos trabajar la composición por color. Así mismo, se amplía la cantidad de emociones que podemos producir en nuestra obra y el número de mensajes que podemos transmitir a través de la misma.

Un artista con buen uso del color puede hacer uso de distintos tipos de tintes (matices de color con blanco), tonos (grises y medios tonos), matices (colores diversos) y sombras (medios tonos agrisados sin blanco).

A continuación hablaré de cómo usar el círculo cromático para producir grises, medios tonos y sombras con precisión.

 

Mezclar matices agrisados: colores de sombra y medios tonos

A la hora de mezclar matices de colores primarios y secundarios, buscamos que nuestros colores no se ensucien unos a otros. Por el contrario, a la hora de mezclar medios tonos y sombras, deseamos que lo hagan. Lo mismo que tomamos en consideración a la hora de mezclar matices nos será útil para crear múltiples grises. La única diferencia sería que en esta ocasión lo aplicaremos en sentido inverso.

Colores de sombra

Las sombras, incluyendo distintos tonos de negro, son nuestros colores más obscuros. Algunos colores de sombra como los Burnt umbers son muy famosos y ampliamente utilizados. Por lo general, los tonos de sombra que encontramos entubados son de tendencia rojiza, naranja o amarillenta. Pese a que también los hay, existe menor variedad de sombras verdes, moradas y azules. Es por ésta y otras razones que es útil poder mezclar sombras con precisión, ya que no siempre necesitaremos sombras cálidas. Además, el mero uso de negro mezclado con color o negro puro para nuestras sombras no siempre es opción.

Monet solía decir que el pigmento negro no debe utilizarse en las sombras. Lo cierto es que en las sombras de nuestras pinturas podemos hacer uso de gran riqueza cromática, por lo que generalmente es mejor realizar mezclas de diversos colores y así lograr una alta vibración cromática. De hecho, la mezcla favorita de Monet para producir color negro era la mezcla de verde viridian y carmín de alizarina. En el siguiente esquema de complementarios se muestran colores similares a éstos.

 

 

¿Cómo mezclar sombras y medios tonos?

Mezclar sombras y medios tonos es un proceso similar a mezclar negros: en ambos casos debemos utilizar colores complementarios. Tradicionalmente se dice que los colores complementarios son morado y amarillo, azul y naranja, y rojo y verde. Sin embargo, ya vimos en la publicación anterior que ubicar los complementarios por su nombre no siempre nos dará resultados precisos a la hora de hacer mezclas. Para identificar con precisión los colores complementarios lo mejor es hacer nuestro propio círculo cromático exacto.

Lo que tenemos que hacer es trazar sobre un lienzo un círculo y seccionarlo (puede ser sobre una hoja de papel). Dentro de este círculo ubicaremos en cualquier posición el color primario de la pareja que hayamos elegido. Del lado contrario pondremos su complementario, pero antes nos aseguraremos de que el complementario sea exacto. Esto lo lograremos mezclando aparte ambos colores, intentando conseguir negro o gris neutro. Es muy importante que la mezcla de ambos produzca un color cercano a un negro o gris neutro. Si el color resultante de la mezcla se asemeja más a un medio tono o una sombra café con tendencia a algún matiz de rojo, naranja, azul, amarillo, verde, etc., entonces nuestros complementarios no son exactos.

 

 

Completando el círculo cromatico de complementarios exactos

Una vez terminemos el proceso anteriormente descrito, tendremos nuestros primeros complementarios exactos. Ahora sólo queda repetir el proceso con los demás matices de nuestro círculo cromático. Si realizan el mismo proceso con todos los colores, al final obtendrán un círculo cromático similar al de la siguiente imagen.

 

 

Este círculo cromático nos será de gran utilidad para mezclar, tanto nuestros colores de sombra, como nuestros medios tonos. La forma de utilizarlo es sumamente simple. Si deseamos un medio tono amarillo limón, podemos tomar un morado azuloso y mezclarlos en proporción, dependiendo de qué tan obscuro deseamos el tono. Se puede desde realizar un tono amarillo ligeramente agrisado con poco complementario, hasta conseguir un gris completamente negro. La gran ventaja de utilizar este sistema para hacer medios tonos y sombras es que nos permite gran control sobre los matices de nuestras mezclas. Esto es particularmente útil cuando deseamos tener mucho control de la temperatura de nuestros colores, igual que cuando deseamos generar fuertes efectos lumínicos en nuestros lienzos.

Por supuesto, también podemos utilizar complementarios no exactos para conseguir medios tonos. Como se ve en la imagen en que mezclé amarillo limón con distintos tonos de morado y azul, podemos conseguir fácilmente medios tonos realizando mezclas con colores adyacentes a los complementarios exactos. En caso del amarillo limón (por ejemplo), si lo mezclamos con morados rojizos conseguiremos medios tonos amarillentos con tendencia naranja. Si utilizamos morados azulosos, como el azul ultramar, lograremos medios tonos verdosos.

Entre más nos alejemos de los complementarios precisos, nuestras mezclas de colores serán más luminosas. Así mismo, serán cada vez más cercanas a un color secundario, hasta ser secundarios luminosos.

 

medios tonos y sombras

 

Mezclas de distintos tipos de pigmentos.

Otra gran ventaja de este sistema para conseguir medios tonos, grises y sombras es la vibración que mantienen los colores. Como decía Monet, conseguir sombras mezclando con negro hace que los colores pierdan cualidades cromáticas. Por el contrario, las mezclas de complementarios mantienen dichas cualidades. Esto se debe a que los pigmentos se mezclan superficialmente, pero manteniendo separadas sus partículas a nivel microscópico. El resultado es que la luz que vemos refractada en ellos es de distintos colores, cosa que percibimos inconscientemente.

Esta cualidad de las mezclas de colores la percibirán si realizan el ejercicio del círculo cromático. En las diferentes mezclas se darán cuenta de cómo algunos negros o grises, pese a haberse neutralizado, son más luminosos, opacos, traslúcidos, profundos o vibrantes (cosa que no muestro en foto en esta publicación porque sería imperceptible). Incluso pueden realizar mezclas que en cierto sentido nunca aparenten fundirse del todo, una de las cuales sería el caso de la mezcla de óleo azul fthalo con rojo cadmio. Debido a la gran diferencia que hay entre los grosores de las moléculas de ambos, su mezcla aparenta mantener siempre las dos tonalidades. Es por esta razón que nunca se terminan de neutralizar.

El grosor de las partículas de los pigmentos es una característica que puede enriquecer ampliamente nuestra pintura, pero que también puede traernos complicaciones. Debido al grosor de los pigmentos y a otras de sus cualidades químicas, éstos pueden ser muy tintantes o poco tintantes, opacos o translúcidos e incluso estables o inestables. Todas estas características traerán consigo peculiaridades que pueden ser exploradas en relación a la pintura. De estos aspectos escribiré en otra ocasión.

Algunas cuestiones relacionadas específicamente con el tema de los grosores moleculares y la opacidad o delgadez de los pigmentos fueron mencionadas en esta antigua publicación sobre los bajotonos de los colores, que les invito a leer para profundizar en estos temas.

 

 

Consejos para mezclar colores de forma precisa (primera parte)

Junio 5, 2017

Mezclar colores –y particularmente, igualarlos– es considerada una tarea compleja por muchos pintores novatos. Sin embargo, esto no tendría por qué ser así. La clave para realizar mezclas precisas no es más que saber utilizar el círculo cromático. No hay una mejor herramienta para esta tarea, ni una más sencilla.

El círculo cromático es una organización abstracta de los diversos matices de color que el ser humano tiene la capacidad de ver. Puede ser pensado de distintas formas: ya sea de manera química, física o conceptual. Lo cierto es que el círculo cromático ha existido desde hace siglos en una gran variedad de culturas. Dependiendo de los colores a los que tenían acceso las personas de distintos puntos de la tierra, sus círculos cromáticos tenían características diferentes. Por ejemplo, el círculo cromático de los indios norteamericanos y el de algunas tribus africanas aún existentes está compuesto por negro, rojo, amarillo, blanco y, en ocasiones, verde. Estos círculos cromáticos están basados en sus paisajes, en los pigmentos a los que tienen acceso en sus tierras y también en la forma en que conceptualizan los colores del mundo que los rodea.

El círculo cromático en la actualidad

Hoy en día, nuestro círculo cromático está principalmente basado en la ciencia. Por un lado se basa en los descubrimientos de Newton sobre la teoría del color luz y la evolución de esta rama de la ciencia. Por otra parte, se basa en el comportamiento del color como substancia química, aspecto que se ha podido desarrollar gracias a los medios impresos.

El círculo cromático, en cuanto a pintura, tiene distintas funciones. En esta publicación me enfocaré exclusivamente en una de ellas: hablaremos de cómo utilizarlo para hacer mezclas de forma fácil y precisa. Esto nos servirá mucho para entender mejor nuestros colores, para comprender cómo organizar nuestras paletas y para hacer hábitos prácticos al pintar.

 

El círculo cromático

El círculo cromático está compuesto por los colores primarios y secundarios, en sus distintos matices. Coloquialmente se dice que los colores primarios son rojo, azul y amarillo, mientras que se dice que los secundarios son verde, morado y naranja. Sin embargo, pese a que en cierto sentido esa clasificación es verdadera, para poder usar correctamente el círculo cromático hay que replantear los matices que asociamos con cada uno de estos nombres.

 

Colores primarios

Los colores primarios son aquellos que, al combinarse por pares, producen mezclas de colores limpios y vibrantes. Con los primarios (mas blanco) teóricamente puede producirse toda la gama de matices que el ser humano tiene la capacidad de ver.

Se dice que los colores primarios son azul, rojo y amarillo, pero es importante ser más específico para poder hacer mezclas más precisas. En la actualidad, los matices de pigmento más cercanos a los colores primarios reales son azul cyan*, amarillo limón* y magenta*: los colores de CMYK.

Nota: Recomiendo que lean esta otra publicación que escribí sobre los colores primarios. En ella se mencionan específicamente qué pigmentos son los primarios y cuáles no son realmente primarios (o no son primarios ideales). En el presente texto me saltaré algunos datos importantes que mencioné en la publicación anterior. Quedará más clara la información del presente texto si revisan el otro también.

CMYK

 

Colores secundarios

Los colores secundarios son aquellos que surgen al combinar los colores primarios por pares. Coloquialmente decimos que los colores secundarios son naranja, morado y verde. Sin embargo, existe una gran cantidad de colores secundarios, que pueden producirse con los primarios y que entrarían bajo alguna de las categorías de verde, naranja y morado. Para saber cuáles son exactamente los colores secundarios debemos considerar que éstos deben ser los complementarios exactos de los colores primarios.

 

Colores complementarios

Los colores complementarios son aquellos que se encuentran en sitios opuestos dentro del circulo cromático. Al juntarse químicamente, éstos producen el color negro. Habitualmente decimos que los colores complementarios son: azul y naranja, rojo y verde, morado y amarillo. Los colores complementarios son útiles para mezclar grises cromáticos de forma veloz y sin variaciones tonales. Con esto quiero decir que, si dominamos el uso de complementarios, fácilmente podremos obtener una gran cantidad de tonos con precisión.

Sin embargo, observen el diagrama de CMYK que está arriba. Si ponen atención, verán que en él se muestra el azul ultramar como complementario del amarillo, el cyan como complementario del rojo y el magenta como complementario del verde. ¿Por qué es esto? Ésta es una de las circunstancias en las que el círculo cromático nos será realmente útil.

 

Utilizar el círculo cromático para hacer mezclas

En cuanto a mezclas, el círculo cromático nos será útil para tres cosas:

  1. Identificar los colores primarios.
  2. Lograr colores secundarios luminosos.
  3. Hacer grises precisos.

También nos será útil para visualizar los colores sin sus nombres y así entender cómo funcionan, independientemente del conocimiento conceptual. Esa es justo la intensión detrás del uso que aquí daremos al círculo cromático.

 

 

Identificar los colores primarios

El círculo cromático nos permite identificar los colores primarios de forma no conceptual. ¿Qué quiere decir esto? Que podremos dejar de pensar en el nombre del color y su condición de primario o secundario y sólo observar su comportamiento. Esto lo ejemplificaré con un ejercicio simple que ustedes pueden repetir si lo desean. Para realizarlo requieren distintos matices de amarillo, distintos matices de azul y distintos matices de rojo. Yo utilicé tres matices de cada color para la demostración.

Lo que haremos será trazar un círculo dividido en 6 partes. En él colocaremos nuestros distintos amarillos, azules y rojos tal como se muestra en la imagen anterior. Posteriormente combinaremos cada amarillo con cada rojo y cada azul, cada rojo con cada amarillo y cada azul, y cada azul con cada amarillo y cada rojo. El resultado será algo similar a la siguiente imagen:

 

Resultados del ejercicio

Lo que nos interesa de este ejercicio es ver qué tan luminosos son los colores resultantes de las mezclas de nuestros distintos primarios. Como podrán apreciar si hacen este ejercicio, los secundarios resultantes de muchas de las mezclas tendrán, en realidad, tendencia café. Por ejemplo, la mezcla del magenta Winsor con cualquier amarillo, o la mezcla de azul ultramar con cualquier amarillo dan tonos ligeramente sucios. Esto sucede en el caso de las mezclas verdes debido a que el azul ultramar se hace con azul y rojo (es un tipo de morado) y los dos amarillos cadmio medio también contienen rojo (son naranjas). Por esta razón, cuando se emplean para mezclar verdes resultan con tendencia café, puesto que contienen parte de su complementario (magenta).

Lo mismo ocurre con las mezclas de naranjas. Puesto que el magenta Winsor tiene azul y negro, mezclado de fábrica, cualquier tono naranja que se haga con él saldrá sucio. Como puede verse aquí, el hecho de que la empresa le diga magenta, que es el nombre del rojo primario de CMYK, no quiere decir que realmente sea primario.

En el ejercicio tenemos dos mezclas que resultan en negro: las mezclas de azul cyan y azul ftalo con rojo cadmio. Supuestamente, la mezcla de rojo y azul debería dar morado, pero en este ejercicio puede verse que la mezcla de estos dos tonos de azul con rojo cadmio resulta en negro. En realidad esto no es un error. De hecho, si vemos el diagrama de CMYK que está más arriba, veremos que el complementario del cyan es, en efecto, el mismo matiz que posee el rojo cadmio. Por lo tanto, es natural que la combinación de ambos dé negro.

Si buscamos círculos cromáticos o color wheel en google, encontraremos una gran cantidad de ruedas que tiene morados de apariencia café o verdes de apariencia café. Esto ocurre por una mala selección de los colores primarios que se emplean para las combinaciones posteriores.

 

 

¿Cuáles son los colores primarios?

Los colores primarios son aquellos que al mezclarse nos permiten lograr la mayor cantidad de matices tonales. Esto implica desde colores muy brillantes hasta negros. Sin embargo, tener colores primarios 100% precisos no es completamente posible. Sólo podemos tener los primarios que la industria química nos permite. Puesto que el color no es lo único que influye al mezclar pigmentos, sino que también interviene el grosor de sus moléculas, lo ideal es tener distintos colores para realizar nuestras mezclas. En realidad, lo que más nos conviene es tener un primario con tendencia a cada uno de sus complementarios para realizar mezclas con ellos.

Los colores que necesitaríamos son:

  • Amarillo limón.
  • Amarillo medio.
  • Rojo.
  • Carmín o magenta.
  • Azul cyan
  • Azul ultramar.

 

Nota (sobre la selección de colores): Nótese que no mencioné si los colores deben ser cadmios, o quinacrodinas, fthalos, ni nada. La verdad es que pueden emplearse muchos pigmentos diferentes. Lo único que se debe cuidar es tener un amarillo verdoso para mezclar verdes, un amarillo rojizo o un rojo amarillento para los naranjas, un rojo carmín para los morados, lo mismo que un azul verdoso para los verdes y un azul morado para los morados.

Nota (sobre las variantes químicas entre un pigmento y otro): El grosor de las moléculas de los pigmentos es otro factor importante para tener verdadero control sobre nuestras mezclas. Hay pigmentos con partículas de grosores tan distintos que simplemente nunca terminan de parecer mezclados por completo. De este tema hablaré en la próxima publicación.

 

 

Próxima publicación

En la siguiente entrada hablaré sobre cómo utilizar el círculo cromático con el fin de mezclar grises y cafés de forma precisa. También se mencionarán algunas cosas que deben tomarse en cuenta sobre las diferencias en grosor molecular, lo cual también es de gran utilidad para realizar mezclas precisas.

 

La importancia de las sienas, ocres y tierras en la paleta del pintor

Mayo 8, 2017

Las sienas, ocres y tierras son todos pigmentos tierra. Por tierra en este contexto no me refiero exclusivamente a su color, pues tradicionalmente estos tres tipos de pigmentos son extraídos directamente de la tierra. Por ejemplo, las sienas solían ser extraídas de lugares cercanos a Siena, Italia. De igual manera, la tierra verde de Verona era efectivamente extraída de Verona.

Hoy día muchos de estos pigmentos son creados con mezclas de varios otros pigmentos: se utilizan óxidos e incluso mezclas de pigmentos modernos para producirlos. Sin embargo, muchas de estas mezclas, pese a imitar el color, no imitan otras características de los pigmentos originales. Esto se debe a que la importancia de dichos pigmentos no sólo radica en su color y la estabilidad del mismo, ya que parte de lo que los hace valiosos es su delgadez, capacidad de pigmentación y transparencia, entre otras cosas. Por tanto, pese a que tengamos colores con tonalidades similares, no obtendremos los mismos beneficios de los materiales originales. En este texto hablaremos de algunos de los beneficios de estos pigmentos y sobre su importancia en la paleta de cualquier pintor.

 

Set de tierras ttamayo

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Diferencias entre la pintura de interiores y exteriores

Abril 3, 2017

Los géneros básicos de la pintura figurativa son: paisaje, retrato y bodegón. Sin embargo, existen muchas otras formas de pintura que no entran dentro de estas tres categorías. La pintura de interiores, por ejemplo, posee distintos aspectos de varias de estas categorías, sin ser por completo idéntica a ninguna de ellas.

Lo que ocurre en espacios interiores es diferente de aquello que ocurre en ambientes exteriores, como los del paisaje tradicional. Los ambientes interiores, a diferencia de los exteriores, poseen luz controlada que no varía y que a su vez es de menor intensidad que la del sol, además de ser de una gran cantidad de tonos distintos. Una luz de chimenea, la luz que entra por una ventana, la luz de un foco o un letrero de neón en un bar. Todas estas luces tienen infinita cantidad de posibilidades diferentes con las cuales evocar ideas y emociones, así como de producir efectos visuales particulares dentro de un cuadro.

La luz nos baña, envuelve y arropa, a la vez que sugiere y exalta determinados sitios de un espacio. Esto puede aprovecharse para enfatizar altos contrastes dentro de una pintura, o para inventar atmósferas específicas. Por si fuera poco, puesto que dentro de estos ambientes transcurren nuestras vidas, se puede decir que son moduladores de aspectos sensoriales y emocionales para nosotros; evocan lo emocional y producen diferentes estados en nosotros.

 

interiores

Lucian Freud, Benefits Supervisor Sleeping (Supervisora de beneficiencia durmiendo), óleo sobre tela, 151,3 × 219 cm, 1995.

 

Lucian Freud, David y Eli, óleo sobre tela, 162.6 x 174 cm, 2003-4.

 

Antecedentes de la pintura de interiores

Dentro del arte occidental, una de las primeras referencias históricas en la que encontramos cierta forma de pintura de interiores es en las antiguas ciudades romanas, como la ciudad de Pompeya. Durante una época, en Roma, una forma de pintura conocida posteriormente como los “trampantojos de Pompeya” consiguió una gran popularidad. Ésta consistía en pintura mural realizada en el interior de las casas, pero lo interesante de estas pinturas es que en ellas se imitaba, por lo general, el mismo ambiente interior del hogar en el que se encontraban. Se pintaban esculturas, plantas, adornos y cortinas de tal forma que éstas aparentaran ser reales y engañaran a los observadores. De ahí que se les otorgara posteriormente el nombre de trampantojos.

Se sabe que artistas como Plinio el viejo elogiaban los creadores de dichas pinturas por su capacidad de imitar la realidad con gran destreza. Para lograr que dichas pinturas parecieran francamente reales, los artistas debían conocer y dominar el funcionamiento de la luz y el color en los ambientes de interior dentro de los que pintaban. Pese que en esta época aún no existía la luz artificial, se debía pensar en la dirección de la luz y los reflejos que el ambiente interior generaría sobre los objetos. El resultado que puede lograrse tomando esto en consideración es un ilusionismo casi hipnótico, como el que lograban estos pintores, precisamente.

 

Cubículo B. Esta estancia en la villa romana de la Farnesina está decorada con escenas mitológicas situadas dentro de cuadros y doseles. Museo Nacional Romano, Roma.

 

Crítica a los trampantojos romanos

Hoy sabemos que distintos críticos, entre los que se encontraba el filósofo Platón, consideraban los intereses de la pintura de su época como meramente triviales. A su parecer, dichas pinturas implicaban habilidades manuales para imitar la realidad con precisión, aunque careciendo de un simbolismo profundo o de un propósito más elevado que la mera imitación.

Pero con el paso del tiempo, la pintura de interiores evolucionó y los pintores comenzaron a interesarse en cosas más allá del simple ilusionismo. Conforme la narrativa se volvía cada vez más importante para la pintura europea, la pintura de ambientes interiores adquirió mayor fuerza. Los ambientes interiores nos remiten a los sitios donde transcurren nuestras vidas, sea a nuestros hogares, escuelas, iglesias, cuevas o demás ambientes cotidianos. Son refugios del exterior, los contenedores de nuestros recuerdos, reflejos de nosotros mismos, de nuestros hábitos y de nuestra forma de vida.

 

Johannes Vermeer, De Schilderkunst (El arte de la pintura), óleo sobre tela, 120 cm × 100 cm, h. 1666.

 

Johannes Vermeer, Una dama que escribe una carta y su sirvienta, óleo sobre tela, 71 x 59 cm, h. 1670.

 

Historia de la pintura de interiores

El género de la pintura de interior comenzó formalmente en Europa como pintura de naturaleza muerta; el término “de interior” fue acuñado por primera vez a mediados del siglo XVII. Como ya mencionamos, los precursores de la naturaleza muerta se remontan a Grecia, mas esta pintura comenzaría decididamente hasta después del Renacimiento.

El género posee distintas variantes. En él se han considerado las ya mencionadas naturalezas muertas y bodegones, a lo que se suman las pinturas intimistas como el conocido Retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa u otras escenas que transcurren en este tipo de ambientes pe. Posteriormente y con la llegada de la vida moderna, empezaron a pintarse ambientes interiores mucho menos íntimos, como bares, cabarets con fuertes luces o teatros.

 

Toulouse Lautrec, El beso prohibido, óleo sobre tela, 1892.

 

Nathan Zeidman.

 

Diferencias y similitudes entre la pintura de interiores y exteriores

En el paisaje exterior, la luz está dada por los cambios tonales que produce el sol según el horario, lo que lo hace el principal elemento a considerar cuando pintamos exteriores. De igual manera, los reflejos que el cielo produce sobre los objetos deben ser tomados en cuenta. Estos cambian, al igual que la luz, debido al clima o la hora del día. Así mismo, representar grandes distancias tiene implicaciones sobre la forma en que empleamos el color, ya que en ellas el ambiente juega un papel más importante que los objetos representados en sí.

Los espacios interiores, por otro lado, poseen luces controladas, tanto en ambientes o escenarios cerrados como en ambientes semi cerrados. Por lo general, en espacios exteriores la fuente luminosa sólo es una: el sol (a menos que sea de noche). En ambientes interiores, por el contrario, puede haber muchas fuentes distintas contrastantes.

En suma, cuando hablamos de pintura de paisaje hablamos generalmente de escenarios de muchísima amplitud, donde los elementos del paisaje se modifican gravemente en relación a la luz y la atmósfera del ambiente en que se encuentran. Por el contrario, los ambientes interiores son mucho más chicos y en ellos podemos muchas veces detallar y prestar más atención a los objetos que a la atmósfera que los envuelve. Esto nos da la libertad de elegir en estos espacios de dónde viene la luz, además del tipo específico de luz que queremos que alumbre nuestra escena.

 

 

Los impresionistas: el color y la atmósfera en la pintura de paisaje

Marzo 6, 2017

Muchos artistas trabajan a lo largo de sus carreras al aire libre, sea de forma regular o esporádica. Todo aquel que le haya dedicado cierto tiempo, sabe lo distinta que es la pintura en exteriores a la pintura de estudio. La luz del día y sus constantes variaciones -debido a la posición del sol, la época del año, las nubes en el cielo y otros- obligan al pintor a trabajar de forma muy diferente cuando está en la intemperie.

Hoy en día, muchos pintores trabajamos utilizando referencias fotográficas. En otras épocas, sin embargo, la fotografía no existía, por lo que los pintores que querían realizar paisaje se veían obligados a abordarlo y estudiarlo de forma diferente. Copiar un paisaje simplemente no era una opción sencilla, puesto que éste constantemente cambia. Algunos artistas solucionaron esto pintando todos los días a la misma hora por temporadas cortas. Realizaron pinturas de otoño, pinturas de verano, pinturas de primavera, etc. Otros artistas, con temperamentos diferentes, solucionaron este problema por medio del análisis: estudiaron el paisaje, su color y la atmósfera que lo rodea. Es por medio de este último sistema que fueron creadas algunas de las pinturas más importantes de la historia del paisaje.

 

Claude Monet, Aduana en Varengeville, óleo sobre tela, 65.6 x 92.8 cm, 1897.

 

El color y la atmósfera en el impresionismo

Los artistas europeos que probablemente estudiaron el color y la atmósfera con mayor profundidad son los que ahora conocemos como pintores impresionistas, hecho que fue propiciado por distintos factores circunstanciales a los que artistas de épocas previas no tuvieron acceso. Entre aquello que permitió a los impresionistas su profundo estudio del color y la atmósfera se encuentra lo siguiente:

La teoría del color

Entre 1670 y 1672, Isaac Newton trabajó intensamente en problemas relacionados con la óptica y la naturaleza de la luz. En 1810, Johann Wolfgang von Goethe escribió su libro Teoría de los colores, que dejó a distintos físicos y filósofos de la época fascinados, lo que provocó que dicha información se extendiera, permitiendo que surgieran otras teorías paralelas y comentarios sobre lo ya escrito. Tales temas serían una importantísima influencia para la pintura impresionista, cuyos pintores entablarían largas conversaciones sobre la naturaleza de los colores.

La pintura de muchos de los impresionistas incluso podría considerarse como estudios detallados sobre la teoría del color, que permitió a los impresionistas analizar con precisión la naturaleza del color en el paisaje. De esta forma fueron liberados de la necesidad por la imitación fiel. Es por esto que las pinturas de los impresionistas, si bien eran formalmente más abstractas que las de muchos de sus antecesores, también lo serían en cuanto al proceso intelectual que les dio vida. La pintura impresionista no sería lo que es si no fuera por el análisis intelectual del color y la atmósfera que permitió el descubrimiento de la teoría del color.

 

Claude Monet, Printemps (Primavera), óleo sobre tela, 50 cm × 65.5 cm, 1872.

 

Claude Monet, Aduana, efecto rosa, óleo sobre tela, 1897.

 

Claude Monet, Aduana de Varengeville en la niebla, óleo sobre tela, 1897.

 

Pintar al aire libre

Los pintores europeos de épocas previas al impresionismo se enfocaron en producir escenas religiosas y obra relacionada con la vida de la aristocracia, por lo que la pintura de paisaje era poca en relación a la pintura de ambientes interiores. En realidad, mucha pintura de paisaje era pintada dentro del estudio, puesto que éste era el sistema de trabajo habitual. Si bien no es forzoso que un paisaje tenga que ser pintado al aire libre, en muchas obras de paisaje europeo antiguo es obvia la relación distante con el mismo. Incluso grandes pintores de la talla de Rembrandt realizaron paisajes de considerable dureza, lo que por lo general se traducía en cielos pesados y paisajes sin profundidad. No fue hasta la llegada del impresionismo, y la influencia que tuvo en la pintura, que cada vez mayor número de pintores salieron a pintar al aire libre. Esto permitió que la aplicación pictórica de la teoría del color avanzara considerablemente y que la pintura de paisaje se enriqueciera.

 

Pierre-Auguste Renoir, Bal du moulin de la Galette (Baile en el Moulin de la Galette), óleo sobre tela, 131 × 175 cm, 1876.

 

Mary Cassatt, The Boating Party (La fiesta náutica), óleo sobre tela, 35½ × 46 in., 1893–94.

Tubos y colores

Otro factor de suma importancia, que facilitó a los pintores abandonar el estudio y salir a pintar al aire libre, fue la industria de los materiales de arte. A principios del siglo XIX, los pintores seguían transportando sus pinturas de óleo en vejigas de cerdo y testículos de toro. El primer artista reconocido que sabemos que utilizó tubos depresibles de plomo fue Vincent van Gogh. Esta novedad facilitaría a muchos pintores, al igual que a él, a trabajar al aire libre y transportar sus pinturas de forma menos complicada.

Otra de las ventajas de la industria de materiales fue la distribución de nuevos colores. La pintura Europea antigua tenía pocos colores en comparación con la pintura impresionista. Si analizamos la paleta preindustrial, nos daremos cuenta que uno de los colores más escasos era el verde, particularmente el verde brillante. Este color, que hoy día damos por sentado, fue sumamente importante en la pintura de paisaje impresionista. El descubrimiento de nuevos pigmento y su distribución a menor precio permitió a los pintores impresionistas pintar de formas nunca antes exploradas en la historia de la pintura europea. Así mismo los dotó de la capacidad de aplicar sin restricciones la teoría del color en sus pinturas.

 

Caja metálica de pinturas de Joseph Mallord William Turner (1775 – 1851). © Tate, London

 

Óleos y paleta de Vincent van Gogh.

 

El nacimiento de la foto

La fotografía motivó a muchos artistas a alejarse de la precisión figurativa. Con la invención de la foto dejó de tener sentido para muchos pintores sólo imitar lo que veían, lo que hizo que múltiples artistas se enfocaran, más que en la fiel figuración, en la sensación que el ambiente producía. Intentaron capturar en sus telas el movimiento del viento, la temperatura del ambiente, la época del año, los brillos en el agua y el movimiento de la misma. Gracias o su conocimiento del color y de los materiales de pintura, tuvieron la capacidad de exaltar sus sensaciones y lo que percibían en el paisaje, así como en otros ambientes. En sí, la pintura de paisaje impresionista, más que ser simple pintura de paisaje, es pintura de la experiencia del hombre dentro de él. Esta forma de abordar la pintura de paisaje, aunque surgió en el arte europeo durante el romanticismo y se fortaleció con el impresionismo, no llegó a estos últimos artistas de la tradición europea, sino que más bien les llegó de oriente.

 

Edgar Degas, Ensayo de ballet en el escenario, óleo sobre tela, 65 x 81 cm, 1874.

 

Edgar Degas, Jóvenes espartanas preparándose para la lucha, 109.5 cm × 155 cm, 1860 – 1862.

 

La pintura oriental y su influencia en Europa

Existen diferentes formas de pintura y dibujo a la intemperie, en los que se representan tanto materias rurales como urbanas. En éstas existen diversas perspectivas, cambios de color y luz -según las estaciones y épocas del año-, que han alimentado hasta nuestros días al imaginario de gran cantidad de pintores. Son tantas las provocaciones visuales que genera un escenario abierto y los diversos elementos que intervienen en la experiencia del mismo, que de forma consciente o inconsciente el paisaje ha llevado a artistas a modificar incluso el ritmo de sus pinceladas. Al estar al aire libre sentimos el viento, la temperatura del ambiente, escuchamos el entorno, etcétera. La experiencia del paisaje no puede ser reducida al sentido de la vista; de igual manera es imposible reducir la pintura de paisaje al sentido de la vista.

Éste fue uno de los aspectos que consideraron los impresionistas en sus cuadros. Dieron atención a hacer sentir el viento en las hojas de los árboles que representaban en sus cuadro, lográndolo algunos a través de una aproximación distinta al trazo y la pincelada. Buscaron hacer sentir la temperatura del ambiente y el clima de la temporada, como muchos hemos experimentado en algunas de las catedrales que pintó Monet. Esta aproximación a la pintura, no obstante, aunque es posible encontrar en el pintor ingles William Turner, no fue a través de su obra que llegó a los impresionistas. Como ya hemos mencionado, esta aproximación al paisaje llegaría a ellos a través de los puertos de Europa -por lo general en los envoltorios de porcelana traída de China y Japón.

 

“Desde que tenía aproximadamente seis años, adquirí el hábito de dibujar y esbozar la vida. Me convertí en artista y desde los cincuenta comencé a producir obras que ganaron cierta reputación, pero nada de lo que hice antes de los setenta valía atención alguna. A los setenta y tres empecé a entender las estructuras de las aves y las bestias, de insectos y peces, además de la forma en la que crecen las plantas. Si continúo intentándolo, lo más probable es que las comprenda mejor cuando cumpla los ochenta y seis, de tal forma que a los noventa habré logrado penetrar en su naturaleza esencial. A los cien quizá habré obtenido una comprensión divina de tales estructuras, mientras que a los ciento treinta, ciento cuarenta, o incluso más, habré alcanzado el estado en el que cada punto y cada trazo que pinte estén vivos. Pido al cielo, que otorga vidas largas, que me dé la oportunidad de demostrar que no miento”.

Hokusai Katsushika

 

El paisaje en Oriente

Desde el siglo VII, los artistas orientales dieron mucha atención a la pintura al aire libre. Esto comenzaría a partir de la llegada del Budismo, sólo tomando gran fuerza debido a la ya existente filosofía taoista.

Las escuelas de pintura académicas de la China, Sung y Ming, estaban protegidas por la corte imperial y eran sistemas con muchos puntos en común con la que podríamos considerar su contraparte europea: los rebeldes impresionistas. Los chinos, por su ya mencionada tradición taoísta, sentían un profundo interés por expandir su espíritu en la naturaleza. Tenían prácticas contemplativas importantes en las que el aspecto más importante de la meditación era la inmersión en la misma. Esta ideología y dichas prácticas contemplativas tuvieron gran influencia sobre la pintura de paisaje.

Los artistas Chinos por lo general no copiaban los paisajes, sino que los memorizaban. Sin embargo, la memorización de éstos no tenía como fin la mimesis fiel. Los artistas se apropiaban de los paisajes al transitarlos y observarlos por largos periodos de tiempo, para luego reproducirlos en papel. Por lo tanto, el énfasis de esta forma de pintura estaba puesto en la experiencia misma del paisaje y la transmisión de dicha experiencia.

Bajo esta forma de vida surge la filosofía estética oriental y su forma particular de entender el vínculo entre el hombre, la naturaleza y el espíritu. De forma completamente contraria a Occidente, la filosofía oriental encontraba lo más alto en la naturaleza. Por el contrario, en los países occidentales la naturaleza espiritual se consideraba separada del mundo físico. De esta forma, la pintura europea se enfocaría principalmente en la representación de escenas bíblicas y en retratar a la aristocracia por siglos. No sería hasta después de la revolución francesa y el comercio que la colonización conllevó que en Europa comenzó a cambiar el arte.

 

Una pintura de aves de Bian Wenzhi, 1413.

 

El comercio entre Oriente y Occidente

Con el comercio de principios del siglo XIX, que fue el periodo de expansión más intenso de distintos países Europeos, llegaría a dicho continente mucha porcelana oriental. Aunque la porcelana tenía fascinado al público general, serían sus envolturas las que más interesarían a los artistas. Muchas de estas envolturas eran impresiones orientales, las cuales habían sido hechas con una sensibilidad pictórica muy distinta a lo conocida en Europa. Tales diseños ayudaron a despertar intereses diferentes para algunos paisajistas europeos.

El paisaje Europeo había sido hasta ese momento mucho más duro que el oriental. Como ya se mencionó, lo importante en la pintura europea era representar lo místico, lo religioso y la vida de la aristocracia. Durante mucho tiempo el paisaje había sido considerado como un tema de poca importancia. De hecho, durante la época victoriana la academia impuso leyes para limitar el tamaño de las pinturas de paisaje, intentando así que el paisaje nunca compitiera con ningún humano retratado. Esta visión antropocentrista contrastaría profundamente con la pintura oriental, que comenzaba a llegar a Europa en cada vez mayor cantidad. Hubieron muchos artistas influidos por la pintura oriental, entre los que encontramos a William Turner, Monet y Vincent van Gogh, entre otros.

Estos artistas, al igual que los orientales, estuvieron interesados en pintar la experiencia y no solamente la representación visual fiel. Los artistas orientales aprendían a ver ritmos en la naturaleza: el ritmo en el agua, en las hojas de los árboles y en el viento se intentaba reproducir en los patrones de sus pinceladas. Comenzaron a su vez a dar gran atención a lo espontáneo, a la mancha y a las características no planeadas que la pintura adquiría sobre el papel. Incluso existieron escuelas que consideraron lo espontáneo más valioso que lo planeado, como la tradición Wabi-Sabi de Japón. En la pintura impresionista podemos ver la influencia de la pintura -resultante de dicha forma de pensamiento oriental- fundirse junto con la tradición Europea antigua, sumándose a los nuevos materiales de la industria y a la teoría del color.

 

Vincent van Gogh, Oiran, una cortesana Oiran japonesa vestida con un kimono colorido, puesta sobre un fondo amarillo, enmarcada con bamboos, lirios acuáticos, ranas, garzas y un barco, óleo sobre tela, h. 1887.

Édouard Manet: el pintor de la vida moderna (segunda parte)

Febrero 6, 2017

En el año 1863, un vagón de tres ruedas que era impulsado por un motor de combustión interna recorrió los bulevares de París, en un viaje de 50 millas rumbo a Joinville-le-Pont. Aquellos parisinos que fueron testigos de este logro triunfante del progreso, que fue invento del ingeniero Étienne Lenoir (1822 – 1900), deben haberse considerado testigos de lo que un crítico alemán que vivía en París llamó “La capital del siglo XIX”.

Mientras que muchas personas -incluidos artistas- rechazaban este nuevo mundo y se aferraban con mayor fuerza que nunca al pasado, vistiendo con pelucas y disfraces de mosqueteros del siglo XVII, no todos creían adecuada esta respuesta nostálgica. Había quienes veían completamente absurdo que en la era de la electricidad muchos artistas produjeran cuadros con representaciones ideales de Afrodita y Dionisio. Partícipe de esta ideología, el escritor francés Charles Baudelaire escribió un tratado titulado El pintor de la vida moderna, en el cual alentaba a los artistas a abandonar las formas del pasado y a tomar sus temas de la vida moderna que experimentaban.

 

Édouard Manet, Dans la serre (En el invernadero), óleo sobre tela, 115 cm × 150 cm, 1878 - 1879, Galería nacional, Berlín.

Édouard Manet, Dans la serre (En el invernadero), óleo sobre tela, 115 cm × 150 cm, 1878 – 1879, Galería nacional, Berlín.

 

Baudelaire llamó a los pintores a abrazar a lo que dio el nombre de “la modernidad”, que era la fugaz y aparentemente trivial vida contemporánea. Al igual que otros individuos, Baudelaire creía que la tarea del artista no era regurgitar las formas de siglos pasados, sino producir visiones de su mundo moderno. El escritor consideraba que toda obra de arte tenía dos aspectos esenciales. Por un lado, debía manifestar aspectos eternos y universales de la belleza, la esencia del mundo, la vida y otras cuestiones fundamentales. Sin embargo, la obra debía embarcarse en esta empresa a través de lo inmediato, de lo circunstancial y de lo presente.

Toda gran obra de arte muestra aspectos que en su momento fueron exclusivos de su presente; según Baudelaire, sólo a través del lenguaje común de cada época es posible tocar a otros que comparten de forma viva ese lenguaje. Para el artista moderno era entonces imperativo pintar multitudes, escenas callejeras, viñetas de la vida de la clase media en todo su esplendor y con toda su fealdad.

 

Édouard Manet, Le Balcon (El balcón), óleo sobre tela, 170 × 124,5 cm, 1868–69, Musée d'Orsay, París.

Édouard Manet, Le Balcon (El balcón), óleo sobre tela, 170 × 124,5 cm, 1868–69, Musée d’Orsay, París.

 

Con una gran devoción por el arte de siglos previos, Édouard Manet podría parecer un artista que difícilmente se convertiría a la causa de Baudelaire. La inspiración de sus primeras pinturas venía principalmente de la obra de maestros antiguos que había copiado en el Museo del Louvre, más que proceder de la vida cotidiana que experimentaba en las calles de París, o en los cafés cercanos a su vivienda. Pintaba paisajes parisinos a la manera de pinturas de Rubens e incluso representaba sus personajes ataviados con ropas de épocas previas. Ésta, por supuesto, no sólo era una forma de pintar exclusiva a Manet, sino el estilo común entre algunos de los pintores más famosos de la época.

Aún así, Manet comenzó lentamente a prestar atención a las recomendaciones de Baudelaire y Rémy Couture en cuadros como El bebedor de ajenjo y El viejo músico. Este último retrataba a algunos indigentes del Batignol, que era el barrio en el que vivía Manet, entre los que se incluyen un violinista que vivía cerca en un barrio gitano y el mismo bebedor de ajenjo que apareciera en el otro cuadro antes mencionado. Sin embargo, también en esta pintura podemos reconocer que Manet retomó algunas de las poses y la composición de pinturas que había visto previamente en el Museo del Louvre.

 

Édouard Manet, Le Vieux Musicien (El viejo músico), óleo sobre tela, 187.4 × 248.3 cm, 1862, National Gallery of Art, E. U.

Édouard Manet, Le Vieux Musicien (El viejo músico), óleo sobre tela, 187.4 × 248.3 cm, 1862, National Gallery of Art, E. U.

 

La primera obra en que Manet logró cuestionar los paradigmas de la pintura de la época, en cuanto a representación, estilo e incluso en cuanto a técnica, fue la pintura originalmente titulada Le Bain (El baño). Esta pintura que tomó cuatro meses en completarse, resultó ser tan desafiante en la forma en que había sido ejecutado, como en cuanto a su concepción inicial. En ella Manet había continuado explorando los distintos elementos que tanto habían conmocionado a los espectadores en el salón de 1861, donde expuso por primera vez el cuadro del Cantante español.

 

Édouard Manet, Le Déjeuner sur l'Herbe/ Le Bain (Almuerzo sobre la hierba/ El baño), óleo sobre tela, 208 × 264,5 cm, 1863.

Édouard Manet, Le Déjeuner sur l’Herbe/ Le Bain (Almuerzo sobre la hierba/ El baño), óleo sobre tela, 208 × 264,5 cm, 1863.

 

Manet tomó las poses de los personajes de El baño de una pintura perdida de Rafael titulada Juicio de Paris, que se conoce únicamente a través de un grabado hecho por Marco Antonio Raimondi. Si bien la obra mencionada sirvió de inspiración para la pintura El baño, la admiración por la pintura de los grandes maestros no hizo que Manet imitara por completo las técnicas de aquellos artistas del pasado.

En la búsqueda de un nuevo estilo de pintura, que captara de mejor manera el espíritu y la energía de la era moderna, Manet abandonó en su obra el claroscuro. Esta técnica, que había sido perfeccionada por Leonardo da Vinci y empleada por innumerables artistas desde entonces, seguía siendo explotada por los artistas de la Francia del siglo XIX como parte esencial de su sistema de trabajo. La técnica Chiaroscuro, italiano para claro oscuro, permitía incrementar la sensación de profundidad y relieve en una pintura, ayudándose de la explotación de contrastes entre luz y sombra.

Este sistema de trabajo, con sus variables tonales específicas, pudo haber sido adecuada para retratar ángeles y héroes en toga, así como ambientes previos a la invención de la electricidad. Sin embargo, retratar la vida moderna parisina necesitaba, a los ojos de Manet, un tratamiento distinto. Por lo tanto, éste se deshizo de muchos de los medios tonos -colores de transición entre colores brillantes y sombras. De esta forma hizo que las figuras de Le Bain, particularmente el desnudo en primer plano, se viera casi completamente iluminado, en un estilo muy diferente al de la pintura de claro oscuro. En contraste con el Juicio de Paris de Rafael, donde había múltiples juegos entre luces y sombras para producir volumen, la modelo retratada en desnudo parecía haber sido hecha con un tratamiento casi bidimensional.

 

Édouard Manet, estudio preparativo para Le Déjeuner sur l'Herbe/ Le Bain.

Édouard Manet, estudio preparativo para Le Déjeuner sur l’Herbe/ Le Bain.

 

Otro aspecto que Manet exploró en esta pintura, para construir un nuevo estilo, fue realizar cambios en la imprimatura del lienzo. Debido a que una ilusión óptica hace que los colores claros avancen y que los oscuros retrocedan, la mayoría de los artista de la época pintaban sobre lienzos oscuros o teñidos en medios tonos. Al hacer esto incrementaban la apariencia de profundidad en sus telas y, por tanto, el realismo de las escenas producidas. Existían distintos pigmentos utilizados en fondos tradicionales: sienas para grandes distancias, Bold de Armenia para retratos en primer plano y para dorados, etc. De hecho, pese a lo extraño que hoy en día pueda parecernos, la mayoría de los lienzos que se vendían en el mercado de la época y aún a finales del siglo XIX habían sido entonados previamente, puesto que nadie pintaba óleo sobre lienzos blancos. No sería hasta la llegada de Manet que algunos artistas comenzarían a explorar esta nueva forma de trabajar esta técnica de pintura.

 

Édouard Manet, La Prune (La ciruela), óleo sobre tela, 73.3 x 50.2 cm, h. 1877.

 

Si bien este sistema de trabajar la pintura al óleo era en efecto novedoso durante la época de Manet, no era nuevo. De hecho, se trataba de un sistema de pintura mucho anterior a la pintura al óleo, proveniente de la pintura de temple de agua. Tradicionalmente, la pintura de temple de agua se ha trabajado casi siempre sobre imprimaturas de creta, las cuales -por los materiales con que se preparan- son perfectamente blancas y sumamente refractantes. Este tipo de pintura de temple se trabajaba de manera similar a como hoy en día se trabaja la técnica de acuarela, dejando las zonas de mayor luminosidad del cuadro sin tocar, o con veladuras delgadas de pintura que mantuvieran así su luminosidad intrínseca, como ocurría en el nuevo sistema pictórico de Manet.

La característica más valiosa de este sistema de trabajo es que permite aprovechar la blancura de la imprimatura y la alta refracción que ésta produce. Manet, quien era un gran conocedor de arte de otros tiempos, pudo haberse basado en la pintura antigua de temple de agua para trabajar la pintura al óleo de esta manera. Todo aquel que haya visto dicho tipo de obra en vivo conoce la luminosidad incomparable que estas pinturas de temple pueden lograr, misma que no es siquiera transmisible a través de fotografías.

 

Lista de Cursos 2017

Enero 30, 2017

Esta es la lista de cursos que se impartirán durante el año 2017. Los cursos que están en la lista ya están confirmados, sin embargo se añadirán más cursos a la lista conforme avance el año.

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Los bajotonos de los colores: secretos del colorido vibrante

Diciembre 18, 2016

Uno de los aspectos técnicos más valiosos que un pintor puede aprender sobre color es sobre el impactante carácter visual que el uso de bajotonos otorga a los colores. Los tonos y bajotonos de los colores surgen de la apariencia que un color determinado adquiere por la relación entre el grosor de las partículas de pigmento y las distintas formas de aplicación de las mismas sobre una superficie. Existen diversas formas de pintar: en aguadas, impastos, veladuras, impastos yuxtapuestos, etc. Cada una de estas distintas formas de aplicación es comúnmente asociada con diferentes técnicas, por ejemplo: aguadas con tintas y acuarelas, impastos con óleo, veladuras con temple, etc. Sin embargo estas formas de aplicación más que corresponder a diversas técnicas, corresponden a la capacidad de lograr diferentes calidades ópticas por medio del uso consciente de los materiales de pintura.

 

bajotonos

Johannes Vermeer, La joven de la perla o Muchacha con turbante, óleo sobre tela,1665-1667

 

Existen dos formas básicas de aplicar pintura sobre una superficie, ya sea en masa o en veladura. Aplicar color en masa se refiere al acto de aplicar pintura con impastos lo suficientemente densos como para que estos no sean traslúcidos. Aplicar pintura en veladura implica la utilización del color de tal manera que los brochazos sean transparentes y permitan observar no solo el color sino lo que está debajo de donde ha sido utilizado el mismo. Los bajotonos de los colores surgen de la aplicación de pintura en veladura, de tal manera que la pintura sea utilizada de forma traslúcida. Esta circunstancia implica para los distintos pigmentos, que la luz incida de forma diferente sobre los mismos. Lo que por consiguiente produce que la apariencia de estos cambie. En resumen la apariencia visual o color de múltiples pigmentos se transforma a la vista cuando estos son aplicados a manera de impastos (masa) o aguada (veladuras).

 

PY150 Llamado amarillo traslucido por Schmincke y Nickel Amarillo Azo por Golden. Es un ochre pálido en masa y un amarillo brillante en bajotono.

 

 

Bajotonos

 

Podemos considerar a los bajotonos como la personalidad escondida de los colores. Cuando usamos de forma delgada un color, su tonalidad tiende a aclararse (por supuesto esto solo se percibe cuando el color se coloca sobre una superficie de color claro). El color inmediatamente adquiere luminosidad. Sin embargo esta luminosidad, la cual muchas veces intentamos lograr en nuestra pintura a partir del uso de color blanco, no produce el aspecto gisoso que por lo general los pigmentos blancos dan a los colores. De esta forma podemos lograr que los colores mantengan no solo su intensidad, si no que esta se vuelve tanto más alta a su vez que luminosa.

Pese a lo útil que en sí misma es ésta situación, ello no es lo único que ocurre a los colores al ser usados a manera de veladura. Muchos de estos no solo cambian de intensidad, sino que también cambian de color —así es— de color. Un buen ejemplo de esta circunstancia es el amarillo PY-150 que puede observarse arriba. Éste posee una apariencia ochre un tanto oscura cuando es aplicado grueso y al ser utilizado delgado se convierte en un amarillo brillante y traslucido, con una apariencia que en cierto sentido remite al fuego. De igual manera existen muchos otros colores que cambian cuando son utilizados en masa o en bajo tono, ya sea que cambien de forma sutil o drástica. El siguiente color Naranja Oxido Traslucido de schmincke es un magnifico ejemplo de un cambio tonal drástico.

 

Naranja Oxido Traslúcido, mezcla de rojo oxido e hidrato de óxido de hierro en óleo.

 

Tipos de bajotonos

Hay varios elementos que deben ser tomados en cuenta para entender como surgen los bajotonos de los colores y para saber de que pigmentos podemos mejor aprovechar esta característica.

Grosor del pigmento: Aquellos pigmentos que posean moléculas gruesas como pueden ser los óxidos o los cadmios cambiaran mucho menos al ser usados delgados o empastados. Por más delgada que sea la película de pintura que apliquemos de estos pigmentos la refracción de la luz no hará grandes cambios debido a su grosor molecular.

 

Amarillo cadmio medio

 

Por otro lado, cuando utilizamos pigmentos de moléculas delgadas habrá un gran cambio en las tonalidades que los mismos muestren dependiendo la forma en que estos sean aplicados, ya sea en impasto o en veladura. A continuación ejemplos con gradientes de distintos pigmentos delgados y los cambios tonales que de los mismos se obtienen.

 

 

Mezclas de pigmentos

Si tomamos en consideración el punto anterior a la hora de realizar mezclas de colores, podemos aprovechar la delgadez o el grosor de los mismos para producir colores que en masa se vean de un tono y en veladura de otro. Algunos pigmentos fabricados por distintas marcas hacen uso de esto mezclando un pigmento grueso y uno delgado para hacer colores. Este tipo de mezclas bien realizadas pueden ser muy útiles en la mano prima de un cuadro.

Muchos habrán escuchado el termino anglosajón underpainting, el cual se refiere a la mano prima de una pintura. Esta es un primer bosquejo del cuadro que deseamos realizar, más no solo en línea, sino ya formalmente en pintura, por lo general de forma monocromática. En él desarrollamos y definimos de forma simple los valores en una pintura así como la cantidad de contraste de la misma. Esta fase de un cuadro es por lo general realizada con un solo color, normalmente algún ochre o sienna. Sin embargo para esta finalidad son particularmente útiles las mezclas de colores con variantes en los bajotonos. Ya que si los programamos bien podemos no solo definir valores tonales y contrastes, sino también hacernos cierta idea de cambios de chroma que las zonas de luz y sombra tendrán.

 

Pintura en mano prima (izquierda), terminada (derecha)

 

Principal utilidad de los bajotonos

El aspecto mas valioso y benéfico que el uso de bajotonos puede traer a nuestra pintura es un color vibrante y luminoso como el que ninguna otra forma de pintura produce. Pintores de muchas épocas han hecho uso de ello en sus cuadros. De hecho durante muchos siglos, desde la edad media hasta el barroco e incluso durante el impresionismo y posteriormente en el fauvismo, aquellos pintores que lograron el colorido más imponente e impactante en sus cuadros hicieron uso del conocimiento de los bajotonos y las veladuras en su obra. Incluso podríamos decir que muchos sistemas de pintura antigua se idearon tomando en consideración el uso de veladuras y bajotonos. Quizá el más importante de estos sistemas sea el uso de grisallas, el cual permite a partir del modelado previo en blancos y sombras, exaltar mediante el uso de veladuras el color de los objetos representados sin sacrificar luminosidad o la vibración cromática del superpuesto al blanquearlo. Claros ejemplos de ello podemos verlos en la obra de artistas del periodo veneciano o en la obra del pintor barroco Caravaggio. Si analizamos con detenimiento los cuadros de este último, podremos ver como sus cuadros se valen por completo del uso de veladuras y bajotonos para lograr la alta luminosidad y dramatismo que caracteriza sus pinturas.

 

Giovanni Bellini, El dux Leonardo Loredan, óleo y temple sobre tabla, 1501-1504.

 

Caravaggio, El sacrificio de Isaac, 1603.

 

Una de las escuelas de pintura que más amplio uso hizo de los bajotonos y las veladuras fue la escuela de pintura rusa del siglo XIX. El colorido de los cuadros de muchos de sus exponentes es impactantemente luminoso. Interesantemente su forma de aplicación del color es en muchas cosas similar al sistema que distintos pintores fauvistas desarrollaron para lograr su colorido, el cual estuvo inspirado principalmente en el uso del color de Vincent van Gogh. De quien pese a todo lo que se ha dicho sobre su carencia de técnica y su uso del color directo del tubo, es en realidad un pintor sumamente técnico y el colorido de sus cuadros lo demuestra. Como bién dijo Van Gogh en una carta dirigida a Van Rappard:

Sondeemos los misterios de la técnica tan profundamente que la gente se agolpe alrededor de los cuadros y jure por los cielos que no tenemos técnica alguna

 

Arkhip Kuindzhi, After the thunderstorm, 1879

 

Henri Matisse, El postre: Harmonia en rojo, 1909.

 

Vincent van Gogh, La Meridiana o La Siesta, óleo sobre tela, 1890.

 

 

Bajotonos con blanco y cargas

Un aspecto importante a considerar cuando se trabaja con veladuras y bajotonos es la forma en que el agregar pigmento blanco o cargas a nuestros pigmentos puede alterar dramáticamente los bajotonos de nuestro colores. Esto no necesariamente es malo, inclusive puede ser deseable. De hecho es recomendable hacer pruebas con distintos tipos de blancos y en diferentes cantidades para reconocer el efecto que estos tendrán sobre nuestros colores y la forma en que los mismos refractarán la luz, una vez sean aplicados a manera de vealduras. Distintas empresas de óleos y pigmentos toman esta circunstancia en consideración y en sus pruebas de colores nos permiten ver el uso de los pigmentos que promocionan tanto en bajotono sin blanco como en bajotono con blanco.

Otros usos de los bajotonos

 

Otra de las grandes ventajas de esta característica de los pigmentos (ya sea la delgadez o grosor de sus moléculas) es que nos permite jugar mucho más con la sensación de los colores que avanzan y retroceden. El grosor de los pigmentos, como mencioné en textos anteriores, tiene la capacidad de producir la sensación de distancia o proximidad. Este elemento de la pintura —el avanzar y retroceder de los colores— del cual se habla muy poco en la pintura actual, nos permite abordar los cuadros y la composición de los mismos, no sólo como planos bidimensionales, sino como espacios tridimensionales y virtuales, independientemente de si nuestra pintura es abstracta o figurativa.

Gracias a implementar este tipo de técnicas, tanto la experiencia del espectador como la experiencia creativa de nosotros como pintores se enriquece profundamente. El grosor y la delgadez de los diferentes pigmentos es uno de los elementos clave en cuanto a esta ilusión que la pintura puede producir.

 

Secretos en el uso del óleo blanco (segunda parte)

Diciembre 16, 2016

A pesar de que tanto el blanco de zinc como el blanco de titanio pueden parecer a primera vista casi iguales, la realidad es que sus funciones son considerablemente diferentes. Esto, como algunos sabrán, en realidad no se debe a sus pequeñas diferencias de tinte, sino a las diferencias moleculares de los mismos. Son estos cambios en sus moléculas los que determinan que su comportamiento sea diferente, tanto al ser mezclados con otros colores, al refractar la luz o simplemente al ser usados para imprimar superficies.

En este texto hablaremos de algunas de las características de dos de los blancos más utilizados del mercado actual de la pintura al óleo: el blanco de zinc y el blanco de titanio. Pese a que muchas veces son empleados de manera indistinta, tienen funciones diferentes que, en caso de conocerlas, ayudan a poder sacarles mayor provecho. Así mismo hablaremos un poco sobre las contraindicaciones de estos dos blancos y los problemas que pueden presentarse en caso de hacer mal uso de ellos.

 

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Blanco de plomo

 

Blanco de Titanio

El blanco de titanio es el pigmento blanco más blanco, opaco y cubriente que hay en el mercado. A nivel microscópico, es el blanco de molécula más chica y densa, lo que hace que sólo permita que lo atraviese una mínima cantidad de luz. Esto lo vuelve un blanco sumamente cubriente y tintante, ideal para cubrir y también para realizar ciertas mezclas.

Todos hemos tenido la experiencia de querer lograr un tinte con blanco y no poder conseguirlo tal como lo queremos, circunstancia que surge de que al hacer mezclas con blanco por lo general nos pasamos de color. Esto se explica porque muchos tipos de blanco se tiñen con mucha facilidad por los demás colores. Por lo mismo, a muchos pintores se les dificulta lograr altos contrastes, produciendo cuadros que se ven un tanto grises y como carentes de luz. Pues bien, cuando utilizamos un blanco muy tintante, es más difícil que nos pasemos de color y que nuestro tinte pierda su blancura. El blanco de titanio es ideal para este tipo de mezclas de alta blancura y, por ende, para recuperar luminosidad en nuestra pintura.

Las características de este blanco también implican que no sea el mejor para realizar veladuras. Las veladuras que contengan blanco de titanio difícilmente dejarán pasar la luz, debido a las características antes mencionadas del pigmento. Así mismo, si queremos hacer mezclas de blanco de titanio con colores traslúcidos y poco tintantes -los cuales por lo general se utilizan en veladuras-  gastaremos grandes cantidades de pigmento sin conseguir teñir el blanco lo suficiente. Para este tipo de circunstancias existe otro tipo de blanco que es más útil.

 

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Rembrandt van Rijn, Jose contando sus sueños a sus padres y hermanos, 1633.

 

Blanco de Zinc

El blanco de zinc es otro de los blancos más utilizados del mercado. Éste es un blanco semi-traslúcido de molécula absorbente y más grande que la molécula del titanio, por lo que es ideal para realizar veladuras y para hacer mezclas con colores traslúcidos.

El hecho de que sea más transparente que el titanio permite que las mezclas que hagamos con él mantengan una mayor vibración cromática que las mezclas realizadas con titanio. Esto se debe a que por su misma característica traslúcida, cuando la luz lo golpea, exalta también las partículas de color suspendidas en su interior y no sólo las de la superficie, permitiéndonos ver más partículas de color. Aín cuando la tonalidad sea aparentemente la misma que la de una mezcla con titanio, su vibración siempre será más alta.

A pesar de sus magníficas características para realizar mezclas, el blanco de zinc no es un blanco ideal para todo tipo de procesos pictóricos y no debe ser usado como único blanco, ni en todas las mezclas que hagamos con blanco dentro de un mismo cuadro. Recientes estudios han mostrado que, por desgracia, este blanco presenta algunos problemas de estabilidad. El blanco de zinc tiene la tendencia a craquelarse con el tiempo, sobre todo cuando ha sido aplicado sobre superficies blandas, como bastidores de tela tensados. Es particularmente propenso a craquelarse cuando es utilizado en impasto. Por esta razón, usar óleo blanco de zinc por sí solo únicamente es recomendable cuando se usa para realizar veladuras delgadas. Cuando se le quiere emplear en otras circunstancias, lo ideal es utilizar una mezcla de zinc junto con otro blanco.

 

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Óleo blanco de titanio con zinc

 

Blanco Cubriente

A la mezcla de blanco de zinc y blanco de titanio se le llama por distintos nombres; nosotros por lo general lo conocemos como blanco cubriente. Este blanco es muchas veces es vendido como sustituto del blanco de plomo, debido a que comparte algunas de sus características. Por un lado tiene la capacidad tintante del titanio, mientras que a la vez es un tanto traslúcido a causa del zinc. Estas características lo hacen un óleo ideal para todo tipo de usos. Así mismo, debido a que el blanco de titanio es bastante flexible incluso estando ya seco, en esta mezcla se compensa en gran medida la tendencia que tiene el blanco de zinc de craquelarse.

Muchos de los blancos que encontramos en el mercado son en realidad una mezcla de blanco de titanio y blanco de zinc -en mayor o menor proporción-, aún en los casos en los que la etiqueta diga exclusivamente el nombre de alguno de estos dos pigmentos. Esto se debe a que la mezcla de ambos es mucho más estable que el uso de cualquiera de los dos por separado.

 

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Rober Ryman, Sin título

 

Blanco para impastos

El blanco ideal para realizar impastos es y será siempre el blanco de plomo. Sin embargo, si este blanco no está disponible, lo que más nos conviene es realizar mezclas de blancos y cargas. La razón es la siguiente:

Impasto blanco de titanio

El blanco de titanio es un pigmento con una molécula de casi nula absorción, lo que le trae ciertas dificultades a la hora de quererlo utilizar en impasto. Como muchos habrán notado, el blanco de titanio tiene una gran tendencia a escurrir cuando se usa empastado. A veces se escurre incluso sin haber sido empastado, lo cual puede espantar a quienes no llevan mucho tiempo pintando. La causa es precisamente la nula absorción del pigmento, misma que dificulta su consolidación al mezclarlo con aceite. Si se encuentran con un óleo blanco de titanio que no escurre o que escurre menos, se debe a que se le ha agregado desde la fábrica blanco de zinc o blanco de zinc y cargas, aún en el caso de que no aparezca nada similar en el título de la etiqueta.

Lo que es conocido como cargas son polvos inertes como el caolín o el carbonato de calcio. Les llamo aquí inertes debido a que no tiñen, pues no son pigmentos, sino que se dejan teñir y prestan sus cualidades de corporeidad y capacidad de consolidación a pigmentos que no la poseen, como el blanco de titanio. Sirviéndonos de estos polvos podemos lograr magníficos impastos cubrientes y refractantes que no escurran. De esta manera podemos mantener las características del blanco de titanio, ideales para el impasto, sin los problemas que suelen conllevar.

Impasto blanco de zinc

Por su tendencia a craquelarse, el blanco de zinc no es el blanco ideal para realizar impastos. Sin embargo, cuando se desea realizar impastos que conserven algunas de las características de este pigmento, lo ideal es realizar impastos de blanco cubriente a los que se les anexen cargas o medios para propiciar la textura de los impastos.

 

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Tela imprimada.

 

Blancos para imprimaturas

Cuando escogemos un blanco para realizar o comprar una imprimatura, primero que nada debemos tomar en consideración de qué forma queremos pintar sobre ella. Una vez definamos eso podemos voltear a ver las características de cada pigmento para definir qué es lo que más nos conviene.

Imprimatura refractante

Debido a sus cualidades, el blanco de titanio es un color sumamente refractante; de hecho refleja el 97.5% de la luz que incide sobre él. Esto lo hace un pigmento ideal para realizar imprimaturas altamente reflejantes, que son sumamente útiles como base para el uso de veladuras, de manera que lo que pintemos sobre ellas aparente tener una alta luminosidad. No obstante, el hecho de que este blanco tenga una nula capacidad de absorción, no lo hace una buena opción para trabajar sobre él con impastos.

Imprimatura absorbente

Si deseamos trabajar con impastos, la imprimatura ideal se hace con blanco de zinc, que como ya mencioné tiene una molécula gruesa y absorbente. Cuando el blanco de zinc es utilizado en imprimaturas tradicionales, preparadas con cola de conejo, pigmento blanco y carbonato, este pigmento no presenta mayor problema en relación al craquelado. Sin embargo, cuando la imprimatura que preparamos es con acrilato -como muchas de las imprimaturas comerciales-, todo lo que se pinte sobre ella corre riesgo de craquelarse en pocos años. Esto se debe, no sólo al carácter del zinc, sino a que el propio acrilato tiene una gran propensión a craquelarse conforme envejece y se endurece, lo que vuelve a las películas de pintura doblemente frágiles frente al paso del tiempo.

Al igual que en el caso de las mezclas de blancos en la pintura, una buena solución a estos problemas es preparar imprimaturas con mezclas de blanco de titanio y blanco de zinc en distintas proporciones -según nuestras necesidades-, para así obtener los beneficios de ambos materiales.

 

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Winston Chmielinski