Secretos de la técnica de impasto en la pintura al óleo

Mayo 22, 2017

La pintura de impasto en óleo es llamativa y expresiva. El impasto da carácter a los trazos del pincel, al mismo tiempo que los exalta. Con impasto, los trazos se vuelven manifestaciones emotivas que expresan de forma directa las intenciones subyacentes del artista.

Gracias a grandes obras de la pintura impresionista, esta forma de pintura se volvió relevante en el siglo XX. Esto fue así puesto que muchos pintores de dicho movimiento utilizaban el impasto para producir ritmo, espacialidad y espontaneidad en sus trabajos. Pintores como Monet -y en particular Vincent van Gogh- la popularizaron. El éxito de este estilo pictórico sigue siendo tal, que dentro del imaginario popular continúa siendo para muchos la única forma de trabajar la pintura al óleo.

 

Vincent van Gogh, Campo de trigo con cuervos, pintura al óleo, 50 × 100 cm, 1890. Museo Van Gogh, Ámsterdam.

 

La técnica de impasto en la actualidad

Impasto se le dice a la aplicación de pintura con brochazos densos y con texturas, directamente sobre el lienzo. En el presente existen distintas formas trabajar pintura de impasto; aunque suele relacionarse la técnica de impasto con el óleo, la pintura al óleo no es la única técnica en la que se emplea este sistema de trabajo.

En últimos años ha habido grandes pintores modernos y contemporáneos que han empleado la técnica de impasto en su obra. Anselm Kiefer, Cecily Brown y el fallecido Antony Tapies son algunos de los pintores actuales más famosos que la utilizan o la utilizaron recientemente y cada uno de estos pintores tiene su forma particular de trabajar esta técnica. Anselm Kiefer, por ejemplo, emplea grandes cantidades de medio acrílico y cargas (como carbonato de calcio) en sus cuadros. Con ellos produce gruesas capas yuxtapuestas de impasto que, una vez secas, golpea con martillos para producir distintas texturas.

Hablando de la diversidad en medios que permiten la técnica de impasto, si bien el mercado actual de materiales de arte ha optado por tratar las técnicas de óleo y acrílico como si fueran idénticas, la realidad es que estas no lo son del todo. Pese a que encontramos medios que dicen ser óptimos para utilizarse con óleos y acrílicos por igual, los resultados a la larga no siempre son los ideales. Aunado a ello, muchos de estos medios tienen costos muy elevados, lo cual no permite a muchos pintores experimentar la técnica de impasto con la libertad que ésta merecería.

Por suerte hemos heredado diversas formas de realizar pintura de impasto de los pintores de épocas previas. Estas formas no sólo se caracterizan por ser mucho más estables y por tener cualidades ópticas y matéricas inmejorables, sino que además son más baratas.

 

Anselm Kiefer pintando, captura de pantalla del documental Remembering the Future.

 

El impasto en técnica de óleo

La técnica de óleo posee un aliado que la vuelve una técnica insuperable; y no, no estoy hablando del acrílico. La técnica hermana de la pintura al óleo es la técnica de temple. Es más, durante muchos siglos la pintura al óleo fue en realidad un temple con aceite extra. Con el paso de los años, cada vez se fue agregando mayor cantidad de aceite al temple hasta que, durante el barroco, la técnica de óleo llegó a contener más aceite que óleo. Fue desde mediados del siglo XX que los pintores de óleo comenzaron a utilizar óleo sin temple. Hoy en día, la mayoría de los pintores de óleo no utilizan temple. De hecho, muchos no saben ni qué es o, si lo saben, no lo saben usar.

Sin embargo, el óleo y el temple son mejores amigos: la pareja ideal. Pero este es uno de los secretos mejor guardados de la industria de la pintura, ¿por qué? El temple permite al óleo secar mucho más rápido, incluso más rápido que el acrílico al tacto. También permite realizar impastos densísimos en técnica de óleo y acelerar el secado de los mismos hasta a sólo unas pocas horas.

 

 

La caída en desuso de la técnica de óleo y temple

No hay una conspiración detrás del decaimiento de la combinación del óleo con la pintura de temple. Simplemente, ocurrió que el mercado de materiales de arte se enfocó en vender productos que tuvieran larga vida en las repisas, que fueran fáciles de utilizar y que fueran prácticos. Las razones son varias: una de ellas es que el mercado pedía conveniencia en sus materiales. Empresas como Royal Talens han mencionado que muchos de sus artistas les piden mayor practicidad en sus medios. De hecho, hay varios artistas que no desean mezclar colores y que prefieren tener una amplia gama en tubos para usar la pintura directamente de éstos. Quieren, además, tiempos de secado menores y acabados profesionales con menor esfuerzo. Si bien ninguna de estas exigencias es necesariamente mala, la forma en que las grandes empresas han perseguido satisfacerlas tiene algunas desventajas técnicas -que se desarrollarán a continuación-.

Otro problema que tienen muchos materiales tradicionales es que, pese a que ofrecen resultados inmejorables, una vez preparados se vuelven perecederos. Por lo tanto, muchos requieren ser utilizados inmediatamente. Es esto lo que empujó a las grandes empresas a desarrollar materiales que pudieran ser empacados y almacenados en repisas por largas temporadas, cambio que causó una importante transformación en los materiales y las técnicas de pintura. Cayeron en desuso sistemas milenarios, volviéndose conocimientos que casi podrían clasificarse como esotéricos.

Como resultado de las transformaciones antes mencionadas, muchos pintores desconocen técnicas que por siglos fueron la esencia de los medios de pintura. Entre ellas, y quizá la más importante, sería la técnica de temple y óleo.

 

 

Beneficios del conocimiento técnico profundo

Los beneficios que trae el conocimiento sobre técnicas a la pintura de un artista son bastos. Mientras un artista dependa completamente de los materiales que las grandes empresas de materiales venden, su obra tendrá una apariencia similar a la de muchos otros artistas. Esto es un problema que no se limita a términos de originalidad, aspecto que puede ser cuestionable. El verdadero conflicto es la limitación creativa y estética que nos infligen estas restricciones como artistas.

Un buen pintor y, más importante aún, un pintor realizado, es alguien que usa el material para lograr proyectar intereses personales sobre un lienzo. Esos intereses personales necesitan el desarrollo de una técnica, también personal, para que se consiga mostrarlos. Esto implica explorar técnicas actuales y antiguas, e incluso desarrollar nuevos métodos.

 

Antoni Tàpies pintando.

 

La técnica de óleo y temple para crear impasto

La técnica de temple y óleo es muy simple, pues requiere sólo tres cosas básicas:

  1. Temple de barniceta.
  2. Óleo.
  3. Cargas.
  4. En ciertos casos pueden agregarse también aceites densos como stand oil.

El temple de barniceta para impasto se prepara con un volumen de yema, un volumen de clara y un volumen de barniceta. Este temple puede ser mezclado en distintas dosis con óleo salido directamente del tubo o previamente mezclado. El fin de realizar esta mezcla es que le dará al óleo características particulares. Para empezar, lo volverá similar a un medio gel como los que se venden actualmente. Dependiendo de la cantidad de temple y óleo que utilicemos, la textura y consistencia de la mezcla cambiará.

En segundo lugar, esta mezcla hará que el óleo seque con gran velocidad. Dependiendo de la cantidad de temple que mezclemos con el óleo, su tiempo de secado variará. Gracias a esto pasan distintas cosas, ya que la combinación nos permite trabajar con impastos gruesos de forma veloz. Este sistema de pintura era, precisamente, el que utilizaron grandes pintores impresionistas y barrocos, puesto que permite trabajar impastos de forma veloz y posteriormente aplicar veladuras. Sin esta técnica, muchas de las obras de Van Gogh no habrían podido terminarse en un día y tener el carácter que poseen.

Por otra parte, este sistema permite hacer gruesos impastos que no escurran y que sequen relativamente pronto. Gracias al cambio en el tiempo de secado, aunque empleemos gruesos espatulazos de óleo, éste no escurrirá. Especialmente si a la par de mezclar temple con nuestra pintura añadimos cargas como carbonato o caolín que ayuden a consolidar nuestra mezcla. El famoso pintor Barroco Rembrandt hizo uso de este sistema para trabajar con gruesos impastos, lo que le posibilitó desarrollar su estilo tardío particular.

 

Rembrandt, La novia judía, óleo sobre tela, 121.5 × 166.5 cm, 1667.

 

Impastos de óleo extra gruesos

Cuando deseamos trabajar con impastos extra densos, es importante agregar aceites densos y cargas. Utilizar únicamente óleo salido del tubo para impastos muy densos es un despropósito. Esto es así debido a que el óleo de tubo es realizado con aceite delgado, por lo que cuando seca tiende a reducirse la densidad de los impastos. Por esta razón es importante emplear aceites como el stand oil para los impastos más densos, puesto que han sido previamente espejados y al secar perderán menos agua y conservarán su tamaño de mejor manera. A éstos se les debe agregar cargas a parte del temple, para ayudarles a consolidar sobre el lienzo y no escurrir.

Siempre que utilicemos impastos de temple y óleo es importante no exagerar con la cantidad de temple que agreguemos. Pese a que puede ser tentador hacer que un impasto de varios centímetros de densidad seque en pocas horas, éste puede agrietarse por la rapidez del secado. Lo mejor para contrarrestar esta dificultad es realizar pruebas y compenetrarse con el material. Por último, otro aspecto importante que no se debe olvidar es que, si se desea emplear temple con óleo, es indispensable que se haga desde las capas profundas del cuadro.

Édouard Manet: el pintor de la vida moderna (segunda parte)

Febrero 6, 2017

En el año 1863, un vagón de tres ruedas que era impulsado por un motor de combustión interna recorrió los bulevares de París, en un viaje de 50 millas rumbo a Joinville-le-Pont. Aquellos parisinos que fueron testigos de este logro triunfante del progreso, que fue invento del ingeniero Étienne Lenoir (1822 – 1900), deben haberse considerado testigos de lo que un crítico alemán que vivía en París llamó “La capital del siglo XIX”.

Mientras que muchas personas -incluidos artistas- rechazaban este nuevo mundo y se aferraban con mayor fuerza que nunca al pasado, vistiendo con pelucas y disfraces de mosqueteros del siglo XVII, no todos creían adecuada esta respuesta nostálgica. Había quienes veían completamente absurdo que en la era de la electricidad muchos artistas produjeran cuadros con representaciones ideales de Afrodita y Dionisio. Partícipe de esta ideología, el escritor francés Charles Baudelaire escribió un tratado titulado El pintor de la vida moderna, en el cual alentaba a los artistas a abandonar las formas del pasado y a tomar sus temas de la vida moderna que experimentaban.

 

Édouard Manet, Dans la serre (En el invernadero), óleo sobre tela, 115 cm × 150 cm, 1878 - 1879, Galería nacional, Berlín.

Édouard Manet, Dans la serre (En el invernadero), óleo sobre tela, 115 cm × 150 cm, 1878 – 1879, Galería nacional, Berlín.

 

Baudelaire llamó a los pintores a abrazar a lo que dio el nombre de “la modernidad”, que era la fugaz y aparentemente trivial vida contemporánea. Al igual que otros individuos, Baudelaire creía que la tarea del artista no era regurgitar las formas de siglos pasados, sino producir visiones de su mundo moderno. El escritor consideraba que toda obra de arte tenía dos aspectos esenciales. Por un lado, debía manifestar aspectos eternos y universales de la belleza, la esencia del mundo, la vida y otras cuestiones fundamentales. Sin embargo, la obra debía embarcarse en esta empresa a través de lo inmediato, de lo circunstancial y de lo presente.

Toda gran obra de arte muestra aspectos que en su momento fueron exclusivos de su presente; según Baudelaire, sólo a través del lenguaje común de cada época es posible tocar a otros que comparten de forma viva ese lenguaje. Para el artista moderno era entonces imperativo pintar multitudes, escenas callejeras, viñetas de la vida de la clase media en todo su esplendor y con toda su fealdad.

 

Édouard Manet, Le Balcon (El balcón), óleo sobre tela, 170 × 124,5 cm, 1868–69, Musée d'Orsay, París.

Édouard Manet, Le Balcon (El balcón), óleo sobre tela, 170 × 124,5 cm, 1868–69, Musée d’Orsay, París.

 

Con una gran devoción por el arte de siglos previos, Édouard Manet podría parecer un artista que difícilmente se convertiría a la causa de Baudelaire. La inspiración de sus primeras pinturas venía principalmente de la obra de maestros antiguos que había copiado en el Museo del Louvre, más que proceder de la vida cotidiana que experimentaba en las calles de París, o en los cafés cercanos a su vivienda. Pintaba paisajes parisinos a la manera de pinturas de Rubens e incluso representaba sus personajes ataviados con ropas de épocas previas. Ésta, por supuesto, no sólo era una forma de pintar exclusiva a Manet, sino el estilo común entre algunos de los pintores más famosos de la época.

Aún así, Manet comenzó lentamente a prestar atención a las recomendaciones de Baudelaire y Rémy Couture en cuadros como El bebedor de ajenjo y El viejo músico. Este último retrataba a algunos indigentes del Batignol, que era el barrio en el que vivía Manet, entre los que se incluyen un violinista que vivía cerca en un barrio gitano y el mismo bebedor de ajenjo que apareciera en el otro cuadro antes mencionado. Sin embargo, también en esta pintura podemos reconocer que Manet retomó algunas de las poses y la composición de pinturas que había visto previamente en el Museo del Louvre.

 

Édouard Manet, Le Vieux Musicien (El viejo músico), óleo sobre tela, 187.4 × 248.3 cm, 1862, National Gallery of Art, E. U.

Édouard Manet, Le Vieux Musicien (El viejo músico), óleo sobre tela, 187.4 × 248.3 cm, 1862, National Gallery of Art, E. U.

 

La primera obra en que Manet logró cuestionar los paradigmas de la pintura de la época, en cuanto a representación, estilo e incluso en cuanto a técnica, fue la pintura originalmente titulada Le Bain (El baño). Esta pintura que tomó cuatro meses en completarse, resultó ser tan desafiante en la forma en que había sido ejecutado, como en cuanto a su concepción inicial. En ella Manet había continuado explorando los distintos elementos que tanto habían conmocionado a los espectadores en el salón de 1861, donde expuso por primera vez el cuadro del Cantante español.

 

Édouard Manet, Le Déjeuner sur l'Herbe/ Le Bain (Almuerzo sobre la hierba/ El baño), óleo sobre tela, 208 × 264,5 cm, 1863.

Édouard Manet, Le Déjeuner sur l’Herbe/ Le Bain (Almuerzo sobre la hierba/ El baño), óleo sobre tela, 208 × 264,5 cm, 1863.

 

Manet tomó las poses de los personajes de El baño de una pintura perdida de Rafael titulada Juicio de Paris, que se conoce únicamente a través de un grabado hecho por Marco Antonio Raimondi. Si bien la obra mencionada sirvió de inspiración para la pintura El baño, la admiración por la pintura de los grandes maestros no hizo que Manet imitara por completo las técnicas de aquellos artistas del pasado.

En la búsqueda de un nuevo estilo de pintura, que captara de mejor manera el espíritu y la energía de la era moderna, Manet abandonó en su obra el claroscuro. Esta técnica, que había sido perfeccionada por Leonardo da Vinci y empleada por innumerables artistas desde entonces, seguía siendo explotada por los artistas de la Francia del siglo XIX como parte esencial de su sistema de trabajo. La técnica Chiaroscuro, italiano para claro oscuro, permitía incrementar la sensación de profundidad y relieve en una pintura, ayudándose de la explotación de contrastes entre luz y sombra.

Este sistema de trabajo, con sus variables tonales específicas, pudo haber sido adecuada para retratar ángeles y héroes en toga, así como ambientes previos a la invención de la electricidad. Sin embargo, retratar la vida moderna parisina necesitaba, a los ojos de Manet, un tratamiento distinto. Por lo tanto, éste se deshizo de muchos de los medios tonos -colores de transición entre colores brillantes y sombras. De esta forma hizo que las figuras de Le Bain, particularmente el desnudo en primer plano, se viera casi completamente iluminado, en un estilo muy diferente al de la pintura de claro oscuro. En contraste con el Juicio de Paris de Rafael, donde había múltiples juegos entre luces y sombras para producir volumen, la modelo retratada en desnudo parecía haber sido hecha con un tratamiento casi bidimensional.

 

Édouard Manet, estudio preparativo para Le Déjeuner sur l'Herbe/ Le Bain.

Édouard Manet, estudio preparativo para Le Déjeuner sur l’Herbe/ Le Bain.

 

Otro aspecto que Manet exploró en esta pintura, para construir un nuevo estilo, fue realizar cambios en la imprimatura del lienzo. Debido a que una ilusión óptica hace que los colores claros avancen y que los oscuros retrocedan, la mayoría de los artista de la época pintaban sobre lienzos oscuros o teñidos en medios tonos. Al hacer esto incrementaban la apariencia de profundidad en sus telas y, por tanto, el realismo de las escenas producidas. Existían distintos pigmentos utilizados en fondos tradicionales: sienas para grandes distancias, Bold de Armenia para retratos en primer plano y para dorados, etc. De hecho, pese a lo extraño que hoy en día pueda parecernos, la mayoría de los lienzos que se vendían en el mercado de la época y aún a finales del siglo XIX habían sido entonados previamente, puesto que nadie pintaba óleo sobre lienzos blancos. No sería hasta la llegada de Manet que algunos artistas comenzarían a explorar esta nueva forma de trabajar esta técnica de pintura.

 

Édouard Manet, La Prune (La ciruela), óleo sobre tela, 73.3 x 50.2 cm, h. 1877.

 

Si bien este sistema de trabajar la pintura al óleo era en efecto novedoso durante la época de Manet, no era nuevo. De hecho, se trataba de un sistema de pintura mucho anterior a la pintura al óleo, proveniente de la pintura de temple de agua. Tradicionalmente, la pintura de temple de agua se ha trabajado casi siempre sobre imprimaturas de creta, las cuales -por los materiales con que se preparan- son perfectamente blancas y sumamente refractantes. Este tipo de pintura de temple se trabajaba de manera similar a como hoy en día se trabaja la técnica de acuarela, dejando las zonas de mayor luminosidad del cuadro sin tocar, o con veladuras delgadas de pintura que mantuvieran así su luminosidad intrínseca, como ocurría en el nuevo sistema pictórico de Manet.

La característica más valiosa de este sistema de trabajo es que permite aprovechar la blancura de la imprimatura y la alta refracción que ésta produce. Manet, quien era un gran conocedor de arte de otros tiempos, pudo haberse basado en la pintura antigua de temple de agua para trabajar la pintura al óleo de esta manera. Todo aquel que haya visto dicho tipo de obra en vivo conoce la luminosidad incomparable que estas pinturas de temple pueden lograr, misma que no es siquiera transmisible a través de fotografías.

 

Los bajotonos de los colores: secretos del colorido vibrante

Diciembre 18, 2016

Uno de los aspectos técnicos más valiosos que un pintor puede aprender sobre color es sobre el impactante carácter visual que el uso de bajotonos otorga a los colores. Los tonos y bajotonos de los colores surgen de la apariencia que un color determinado adquiere por la relación entre el grosor de las partículas de pigmento y las distintas formas de aplicación de las mismas sobre una superficie. Existen diversas formas de pintar: en aguadas, impastos, veladuras, impastos yuxtapuestos, etc. Cada una de estas distintas formas de aplicación es comúnmente asociada con diferentes técnicas, por ejemplo: aguadas con tintas y acuarelas, impastos con óleo, veladuras con temple, etc. Sin embargo estas formas de aplicación más que corresponder a diversas técnicas, corresponden a la capacidad de lograr diferentes calidades ópticas por medio del uso consciente de los materiales de pintura.

 

bajotonos

Johannes Vermeer, La joven de la perla o Muchacha con turbante, óleo sobre tela,1665-1667

 

Existen dos formas básicas de aplicar pintura sobre una superficie, ya sea en masa o en veladura. Aplicar color en masa se refiere al acto de aplicar pintura con impastos lo suficientemente densos como para que estos no sean traslúcidos. Aplicar pintura en veladura implica la utilización del color de tal manera que los brochazos sean transparentes y permitan observar no solo el color sino lo que está debajo de donde ha sido utilizado el mismo. Los bajotonos de los colores surgen de la aplicación de pintura en veladura, de tal manera que la pintura sea utilizada de forma traslúcida. Esta circunstancia implica para los distintos pigmentos, que la luz incida de forma diferente sobre los mismos. Lo que por consiguiente produce que la apariencia de estos cambie. En resumen la apariencia visual o color de múltiples pigmentos se transforma a la vista cuando estos son aplicados a manera de impastos (masa) o aguada (veladuras).

 

PY150 Llamado amarillo traslucido por Schmincke y Nickel Amarillo Azo por Golden. Es un ochre pálido en masa y un amarillo brillante en bajotono.

 

 

Bajotonos

 

Podemos considerar a los bajotonos como la personalidad escondida de los colores. Cuando usamos de forma delgada un color, su tonalidad tiende a aclararse (por supuesto esto solo se percibe cuando el color se coloca sobre una superficie de color claro). El color inmediatamente adquiere luminosidad. Sin embargo esta luminosidad, la cual muchas veces intentamos lograr en nuestra pintura a partir del uso de color blanco, no produce el aspecto gisoso que por lo general los pigmentos blancos dan a los colores. De esta forma podemos lograr que los colores mantengan no solo su intensidad, si no que esta se vuelve tanto más alta a su vez que luminosa.

Pese a lo útil que en sí misma es ésta situación, ello no es lo único que ocurre a los colores al ser usados a manera de veladura. Muchos de estos no solo cambian de intensidad, sino que también cambian de color —así es— de color. Un buen ejemplo de esta circunstancia es el amarillo PY-150 que puede observarse arriba. Éste posee una apariencia ochre un tanto oscura cuando es aplicado grueso y al ser utilizado delgado se convierte en un amarillo brillante y traslucido, con una apariencia que en cierto sentido remite al fuego. De igual manera existen muchos otros colores que cambian cuando son utilizados en masa o en bajo tono, ya sea que cambien de forma sutil o drástica. El siguiente color Naranja Oxido Traslucido de schmincke es un magnifico ejemplo de un cambio tonal drástico.

 

Naranja Oxido Traslúcido, mezcla de rojo oxido e hidrato de óxido de hierro en óleo.

 

Tipos de bajotonos

Hay varios elementos que deben ser tomados en cuenta para entender como surgen los bajotonos de los colores y para saber de que pigmentos podemos mejor aprovechar esta característica.

Grosor del pigmento: Aquellos pigmentos que posean moléculas gruesas como pueden ser los óxidos o los cadmios cambiaran mucho menos al ser usados delgados o empastados. Por más delgada que sea la película de pintura que apliquemos de estos pigmentos la refracción de la luz no hará grandes cambios debido a su grosor molecular.

 

Amarillo cadmio medio

 

Por otro lado, cuando utilizamos pigmentos de moléculas delgadas habrá un gran cambio en las tonalidades que los mismos muestren dependiendo la forma en que estos sean aplicados, ya sea en impasto o en veladura. A continuación ejemplos con gradientes de distintos pigmentos delgados y los cambios tonales que de los mismos se obtienen.

 

 

Mezclas de pigmentos

Si tomamos en consideración el punto anterior a la hora de realizar mezclas de colores, podemos aprovechar la delgadez o el grosor de los mismos para producir colores que en masa se vean de un tono y en veladura de otro. Algunos pigmentos fabricados por distintas marcas hacen uso de esto mezclando un pigmento grueso y uno delgado para hacer colores. Este tipo de mezclas bien realizadas pueden ser muy útiles en la mano prima de un cuadro.

Muchos habrán escuchado el termino anglosajón underpainting, el cual se refiere a la mano prima de una pintura. Esta es un primer bosquejo del cuadro que deseamos realizar, más no solo en línea, sino ya formalmente en pintura, por lo general de forma monocromática. En él desarrollamos y definimos de forma simple los valores en una pintura así como la cantidad de contraste de la misma. Esta fase de un cuadro es por lo general realizada con un solo color, normalmente algún ochre o sienna. Sin embargo para esta finalidad son particularmente útiles las mezclas de colores con variantes en los bajotonos. Ya que si los programamos bien podemos no solo definir valores tonales y contrastes, sino también hacernos cierta idea de cambios de chroma que las zonas de luz y sombra tendrán.

 

Pintura en mano prima (izquierda), terminada (derecha)

 

Principal utilidad de los bajotonos

El aspecto mas valioso y benéfico que el uso de bajotonos puede traer a nuestra pintura es un color vibrante y luminoso como el que ninguna otra forma de pintura produce. Pintores de muchas épocas han hecho uso de ello en sus cuadros. De hecho durante muchos siglos, desde la edad media hasta el barroco e incluso durante el impresionismo y posteriormente en el fauvismo, aquellos pintores que lograron el colorido más imponente e impactante en sus cuadros hicieron uso del conocimiento de los bajotonos y las veladuras en su obra. Incluso podríamos decir que muchos sistemas de pintura antigua se idearon tomando en consideración el uso de veladuras y bajotonos. Quizá el más importante de estos sistemas sea el uso de grisallas, el cual permite a partir del modelado previo en blancos y sombras, exaltar mediante el uso de veladuras el color de los objetos representados sin sacrificar luminosidad o la vibración cromática del superpuesto al blanquearlo. Claros ejemplos de ello podemos verlos en la obra de artistas del periodo veneciano o en la obra del pintor barroco Caravaggio. Si analizamos con detenimiento los cuadros de este último, podremos ver como sus cuadros se valen por completo del uso de veladuras y bajotonos para lograr la alta luminosidad y dramatismo que caracteriza sus pinturas.

 

Giovanni Bellini, El dux Leonardo Loredan, óleo y temple sobre tabla, 1501-1504.

 

Caravaggio, El sacrificio de Isaac, 1603.

 

Una de las escuelas de pintura que más amplio uso hizo de los bajotonos y las veladuras fue la escuela de pintura rusa del siglo XIX. El colorido de los cuadros de muchos de sus exponentes es impactantemente luminoso. Interesantemente su forma de aplicación del color es en muchas cosas similar al sistema que distintos pintores fauvistas desarrollaron para lograr su colorido, el cual estuvo inspirado principalmente en el uso del color de Vincent van Gogh. De quien pese a todo lo que se ha dicho sobre su carencia de técnica y su uso del color directo del tubo, es en realidad un pintor sumamente técnico y el colorido de sus cuadros lo demuestra. Como bién dijo Van Gogh en una carta dirigida a Van Rappard:

Sondeemos los misterios de la técnica tan profundamente que la gente se agolpe alrededor de los cuadros y jure por los cielos que no tenemos técnica alguna

 

Arkhip Kuindzhi, After the thunderstorm, 1879

 

Henri Matisse, El postre: Harmonia en rojo, 1909.

 

Vincent van Gogh, La Meridiana o La Siesta, óleo sobre tela, 1890.

 

 

Bajotonos con blanco y cargas

Un aspecto importante a considerar cuando se trabaja con veladuras y bajotonos es la forma en que el agregar pigmento blanco o cargas a nuestros pigmentos puede alterar dramáticamente los bajotonos de nuestro colores. Esto no necesariamente es malo, inclusive puede ser deseable. De hecho es recomendable hacer pruebas con distintos tipos de blancos y en diferentes cantidades para reconocer el efecto que estos tendrán sobre nuestros colores y la forma en que los mismos refractarán la luz, una vez sean aplicados a manera de vealduras. Distintas empresas de óleos y pigmentos toman esta circunstancia en consideración y en sus pruebas de colores nos permiten ver el uso de los pigmentos que promocionan tanto en bajotono sin blanco como en bajotono con blanco.

Otros usos de los bajotonos

 

Otra de las grandes ventajas de esta característica de los pigmentos (ya sea la delgadez o grosor de sus moléculas) es que nos permite jugar mucho más con la sensación de los colores que avanzan y retroceden. El grosor de los pigmentos, como mencioné en textos anteriores, tiene la capacidad de producir la sensación de distancia o proximidad. Este elemento de la pintura —el avanzar y retroceder de los colores— del cual se habla muy poco en la pintura actual, nos permite abordar los cuadros y la composición de los mismos, no sólo como planos bidimensionales, sino como espacios tridimensionales y virtuales, independientemente de si nuestra pintura es abstracta o figurativa.

Gracias a implementar este tipo de técnicas, tanto la experiencia del espectador como la experiencia creativa de nosotros como pintores se enriquece profundamente. El grosor y la delgadez de los diferentes pigmentos es uno de los elementos clave en cuanto a esta ilusión que la pintura puede producir.

 

Secretos del óleo blanco de plomo y otros óleos blancos (primera parte)

Diciembre 5, 2016

Muchos artistas han dicho que el color negro es innecesario en la paleta del artista, o incluso que su uso está prohibido en la misma, sin embargo, cuando se habla del color blanco ocurre todo lo contrario. Como todo pintor experimentado sabrá, de ningún otro color se gastan tantos tubos de óleo. Pero hay mucho más que saber respecto al blanco que el simple hecho de que en la pintura al óleo éste es el color más utilizado.

Cuando vamos a una tienda de arte a comprar óleo blanco, nos encontramos con distintos tipos de blanco: blanco de titanio, blanco de zinc, blanco cubriente, blanco iridiscente y, si tenemos suerte, blanco de plomo. Aparte de encontrarnos con estos y otros blancos fabricados con distintos pigmentos, encontramos óleos blancos fabricados con diferentes aceites: aceite de linaza, aceite de cártamo, aceite de girasol y aceite de adormideras, por mencionar algunos. ¿Qué usos tienen estos distintos blancos?, ¿por qué se fabrican con diferentes aceites? y ¿cómo podemos sacarles el mejor provecho?

 

Blancos de plata.

Frascos de 30 ml con pigmento blanco de plata (blanco de plomo)

Óleo blanco de plomo

Durante muchos siglos, el blanco de plomo fue el único pigmento blanco al cual tuvieron acceso los artistas. Este pigmento, que es altamente estimado, es conocido también por distintos nombres como blanco de plata, blanco de albayalde, carbonato de plomo y blanco de cremnitz, entre otros. Fue ampliamente utilizado en la antigua China, Egipto y también en Grecia y Roma -por nombrar sólo algunas de las culturas que lo valoraron. Lo interesante es que no todas estas culturas lo utilizaban como pigmento, pues algunas de ellas lo utilizaban como aderezo en ensaladas (aunque esto no es para nada recomendable).

El blanco de plomo fue el único blanco del que dispusieron los artistas hasta mediados del siglo XIX. Gracias a la revolución industrial aparecieron muchos otros pigmentos blancos como el blanco de bario, blanco de bismuto, blanco de zinc y blanco de titanio. Actualmente, varios de estos pigmentos blancos ya han caído en desuso. De entre todos estos blancos, pese a que también ha caído considerablemente en desuso debido a su toxicidad, el blanco de plomo sigue siendo altamente estimado por muchos artistas. Algunos incluso lo consideran insustituible en su pintura.

El blanco de plomo destaca entre los pigmentos blancos por sus cualidades únicas; algunos artistas aseguran que este pigmento permite una pintura empastada y “mantecosa” que no se logra con ningún otro pigmento. Así mismo, permite gran opacidad y capacidad de cobertura.

Una de las cualidades más preciadas del pigmento blanco de plomo es también su capacidad refractante. Si bien este pigmento aparenta ser menos blanquecino cuando es comparado lado a lado con el blanco de titanio o zinc, cuando es visto a distancia es más luminoso que los anteriores. Este fenómeno se debe a que las cualidades del plomo le hacen refractar una mayor cantidad de partículas de luz. Esta característica ha hecho que pintores de todas las épocas lo valoren como a ningún otro blanco, e incluso como a ningún otro pigmento.

 

cremnitzwhite-1 blancos de plomo

Blanco de Cremnitz

 

Si bien el blanco de plomo tiene características inigualables, también es un material sumamente sensible, tanto al ambiente como al mismo paso del tiempo. Con esto quiero decir que es un material que, de no usarse correctamente, traerá mas percances a nuestra obra que beneficios. Por suerte existen distintas formas de contrarrestar sus efectos negativos y sacarle el mayor provecho posible.

Transparencia.

El pigmento blanco de plomo es reconocido, entre otras cosas, por las magníficas cualidades que da al óleo cuando es usado para realizar impastos. En cambio, cuando se le usa en veladuras delgadas puede traer desventajas. Esto ocurre debido a que el blanco de plomo tiende a volverse transparente con el paso del tiempo. Cuando es usado en películas de pintura gruesas, realmente no presenta mayor problema, pero cuando se usa en películas que de por sí son delgadas, a la larga éstas se volverán demasiado sutiles.

Una de las maneras con las que se puede contrarrestar esta circunstancia es haciendo mezclas de pigmentos. Una combinación ideal para realizar veladuras con blanco de plomo puede ser una mezcla con blanco de titanio, el cual es un pigmento muy tintante y de molécula delgada. Esta mezcla permitirá conservar las cualidades refractantes del plomo, mientras que, a pesar del paso del tiempo, lo pintado conservará la densidad que le corresponde.

 

Full title: Philip IV hunting Wild Boar (La Tela Real) Artist: Diego Velázquez Date made: probably 1632-7 Source: http://www.nationalgalleryimages.co.uk/ Contact: picture.library@nationalgallery.co.uk Copyright © The National Gallery, London

Diego Velazquez, La Tela Real, 1632-7.

Ennegrecimiento

Uno de los problemas más fuertes del pigmento blanco de plomo es el hecho de que puede volverse negro con el paso de los años si es expuesto a ambientes con partículas de azufre. Aunque hoy en día existen maneras de devolver químicamente la blancura al blanco de plomo oscurecido, pintores de la antigüedad como Rembrandt solucionaron este posible problema agregando cera en sus barnicetas para los impastos de blanco de plomo. La cera tiene la propiedad de encapsular las moléculas de los materiales que quedan atrapados en ella, bloqueando el contacto de los mismos con el medio ambiente. Rembrandt y otros pintores posteriores evitaron el oscurecimiento excesivo de sus cuadros con el empleo de esta medida preventiva.

 

 

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Manuscrito bizantino, serie de lecturas basadas en el evangelio, 1220, British Library.

 

Capacidad de secado

Otra peculiaridad importante de este pigmento blanco es el hecho de que vuelve al aceite sumamente secante. Esto ha permitido trabajar con una mucho mayor velocidad a pintores de óleo de todos tiempos, pues todo lo que haya sido pintado con plomo secará mucho más rápido que lo que no haya sido pintado con él. Sin embargo, su carácter secante también puede traer desventajas cuando es usado con medios incorrectos. Por su propia cualidad secante, el plomo puede a la larga -o incluso a corto y mediano plazo- craquelar la pintura, sobre todo en las zonas de impasto. Para prevenir esto, es recomendable utilizar aceites espesos como el stand oil o medios cerosos en los impastos. Estos aceites que tienen un cuerpo mucho más denso prevendrán el craquelado excesivo que podría conllevar el mal uso del plomo.

 

Work in progress

Blanco de plomo de diversas marcas

 

El pútrido

Debido a todas las características del blanco de plomo antes mencionadas, los pintores de la antigüedad se dieron cuenta de que la forma ideal de utilizarlo era a través de la preparación de pútrido. Éste consiste en una mezcla de pigmento blanco de plomo con óleo blanco de plomo y temple. El pútrido se utilizaba tradicionalmente en la pintura de grisallas, así como en muchos otros aspectos del proceso de creación de una pintura. Debido a que hablar del pútrido implica hablar de muchos otros aspectos técnicos, en este caso no me extenderé mucho al respecto y lo dejaré para otra publicación en la cual hablaré específicamente de ese tema.

Toxicidad

Cuando usamos óleo blanco de plomo -o blanco de plomo en cualquier técnica- es muy importante tomar en cuenta que es un material venenoso. Es por lo mismo que se recomienda no respirarlo (en polvo), no ingerirlo y no permitir que caiga sobre la piel, ya que éste puede absorberse por los poros. En caso de que nos manchemos con blanco de plomo es importante lavarnos bien inmediatamente.

Si bien muchos pintores utilizan toda su vida plomo responsablemente y sin tener ningún tipo de complicaciones, hay muchos otros que no. Pintores como el mexicano Saturnino Herrán, de quien se dice que trabajaba el blanco de plomo directo con las manos, o artistas como Gordon Mata Clark, quien en sus intervenciones arquitectónicas respiraba mucho del polvo de la pintura con blanco de plomo de las casas que cortaba, han muerto trágicamente a corta edad y con un futuro prometedor en el arte.

 

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Saturnino Herrán, La ofrenda, óleo sobre lienzo, 1913.

 

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Gordon Matta Clark, Conical Intersect (Intersección cónica), detalle.

Blancos preparados con otros aceites.

Hasta ahora sólo he hablado de óleo blanco de plomo fabricado con aceite de linaza. El aceite de linaza es el aceite ideal para la pintura al óleo, pues es el aceite que con el paso del tiempo conserva la mayor flexibilidad y, por lo tanto, permite la mayor durabilidad a la obra que haya sido producida con él. No obstante, el aceite de linaza tiene una pequeña desventaja, sobre todo cuando es utilizado para fabricar colores blancos. Esta desventaja es su conocida tendencia a amarillear con el tiempo, sobre todo cuando se encuentra en zonas de sombras.

Para contrarrestar esto, los pintores tanto del presente como del pasado han utilizado distintos aceites para fabricar colores blancos diversos. Estos han sido útiles cuando necesitamos en nuestras obras blancos que queden completamente blancos, sin amarillear con el paso del tiempo.

 

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Muestras de distintas marcas de óleo blanco.

 

Quizá el segundo aceite más famoso para preparar la pintura al óleo blanca sea el aceite de nueces, el cual ha sido utilizado desde hace siglos para hacer los blancos más blancos. Si bien hoy en día existen distintos óleos fabricados con diversos aceites, de nueces, semilla de girasol y otros, es importante saber que estos aceites no sustituyen a los colores al óleo fabricados con aceite de linaza, sino que son materiales para usos específicos.

Los pintores del pasado solían utilizar aceite de nueces únicamente en los blancos más altos, debido a que pese a no amarillear, el aceite de nueces tampoco seca fácilmente. De hecho tarda muchísimo tiempo en secar, mucho más que el aceite de linaza. Por esta razón los pintores debían utilizarlo sólo sobre impastos previos de blanco de plomo, o en aceite de nueces tratado con plomo para volverlo secante. De esta manera, tanto las características de secado excesivo del plomo, como las de difícil secado del aceite de nueces, se contrarrestaban unas con otras.

Hoy en día existen en el mercado muchos óleos blancos que no son de plomo, fabricados con aceites que no amarillean, como el ya común aceite de girasol. Encontramos en tiendas de arte comúnmente blanco de titanio, y también blanco de zinc, con aceite de girasol e incluso mezclas. Aunque algunas marcas venden estos óleos como sustitutos símiles de los óleos blancos de aceite de linaza, la realidad es que deberían ser usados de la misma forma en que estos otros blancos fueron usados por los pintores del pasado. Esto se debe a que -como he mencionado antes- el aceite que conserva a largo plazo la mayor flexibilidad, y por lo tanto permite la mejor preservación de la obra, es el aceite de linaza. La vida de los blancos con otros aceites no es tan larga y en realidad su función nunca ha sido sustituir al óleo de linaza, sino hacer cosas que éste no puede hacer.

En la siguiente publicación continuaré hablando sobre los óleos blanco de zinc y blanco de titanio, respectivamente: sus usos, contraindicaciones y recomendaciones. También hablaré de qué blanco es ideal para preparar imprimaturas, dependiendo de cómo pensamos pintar sobre esa imprimatura.

Los materiales de pintura de Rembrandt (segunda parte)

Agosto 1, 2016

Rembrandt Van Rijn (1606-1669), uno de los más grandes pintores de todos los tiempos, fue también uno de los más grandes técnicos de la pintura. Desarrolló distintos medios nuevos para solucionar problemas de los materiales de su época y con ello, logró resultados que muchos pintores de épocas posteriores han intentado emular, y que incluso hoy en día seguimos emulando. En este texto hablaremos de distintos medios que inventó, las razones de los mismos y las ventajas que estos tienen al ser utilizados sobre nuestros lienzos.

 

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Rembrandt, Autorretrato, 1658

 

En el texto anterior hablamos brevemente sobre el contexto histórico de Rembrandt, conocido como la época dorada holandesa, período que le permitió tener acceso a una gran cantidad de materiales de pintura, entre otras cosas. La historia nos pinta a Rembrandt como un gran excéntrico, apasionado por lo nuevo y lo diferente, dispuesto a gastar todos sus ingresos en busca de aventuras estéticas. Y en efecto, Rembrandt fue un gran coleccionista de todo tipo de objetos: ropa de países lejanos, plumas de aves desconocidas, huesos y cuernos de animales que nunca antes había visto y más. Era tal su avidez por el coleccionismo y tanta la cantidad de dinero que gastaba con esos fines, que en cierta etapa de su vida esta actividad lo llevó casi a la quiebra.

Sin embargo, Rembrandt no sólo estaba interesado en coleccionar objetos extraños. Como ya mencioné, también se interesó por conseguir nuevos materiales que pudiera utilizar en su pintura. Fue a partir de estos nuevos materiales que Rembrandt desarrolló distintas técnicas y métodos de aplicación de los mismos; entre los materiales con los que experimentó se encuentran nuevos medios de cera, impastos con cuarzos molidos y pigmentos desconocidos de otras partes del mundo, como la grana cochinilla. Al trabajar con estos materiales, Rembrandt se dio cuenta de sus reacciones químicas en conjunto con otros medios, su comportamiento en relación al ambiente y cómo esto repercutía en la obra. De esta forma comenzó a idear sistemas para hacer uso de estos materiales sin que tuvieran posteriormente contratiempos sobre sus telas y de este modo aprovechó sus características para desarrollar técnicas que produjeran resultados que eran imposibles hasta ese momento, así como para solucionar algunos inconvenientes de los materiales ya existentes en la época.

 

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Los materiales de Rembrandt (primera parte)

Julio 25, 2016

Rembrandt Van Rijn (1606-1669) nació durante el periodo hoy conocido como la Época Dorada Holandesa. Durante este periodo muchos de los pintores holandeses, especialmente aquellos que vivían en el puerto de Amsterdam o cerca de él, tuvieron la oportunidad de experimentar con materiales que provenían de distintas partes del mundo, lugares tan lejanos como India, Japón o México y otras regiones de América. Esto trajo cómo consecuencia que dichos pintores descubrieran a partir de los nuevos medios, nuevas técnicas de pintura con las que enriquecieron las posibilidades de la misma. Uno de los artistas que más se interesó por experimentar con los nuevos materiales fue Rembrandt, quien no solo fue —como todos sabemos— un pintor excepcional, aún considerado por muchos como el más grande de la historia, sino también un increíble técnico. En éste texto, el cual dividiré en dos entradas debido a su extensión, hablaremos primero sobre materiales que fueron ampliamente utilizados durante la época de Rembrandt y que formaron también parte indispensable de su técnica de pintura. En el segundo texto hablaremos sobre su invención de distintos nuevos medios y procedimientos, y de las ventajas y resultados que le fue posible lograr con los mismos.

 

Self Portrait with two circles *oil on canvas *114,3 x 94 cm *1665 - 1669

Self Portrait with two circles *oil on canvas *114,3 x 94 cm *1665 – 1669

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El temple de barniceta, el medio ideal para la técnica mixta de temple y óleo

Julio 11, 2016

En una publicación anterior hablé de las razones que siguen haciendo del temple la técnica de pintura más completa que hay, y en efecto, con el temple todo se puede, pero si se sabe de qué forma lograrlo.

El temple, así como es un material fantástico, también es un medio algo temperamental, sobre todo si lo queremos trabajar como a otros medios menos exigentes -como por ejemplo el medio acrílico u óleo convencional. El temple es un medio que requiere de nuestra paciencia para compenetrarnos con el carácter del material, así como conocimiento técnico de los materiales que se usan para complementarlo. Sin embargo, lo principal que necesitamos para controlar al temple es únicamente empezar a practicar, no desesperarnos y analizar el comportamiento del material por sí solo y en conjunto con otros materiales. Al final nos veremos recompensados, ya que, como intenté dejar ver en el texto anterior, es una técnica sin igual.

Ahora lo prometido: la receta del temple de barniceta o temple alemán. Este es el temple ideal para ser trabajado en conjunto con óleo, combinación que nos permite lograr todo aquello de lo que hablé en el texto anterior respecto a los beneficios de la mezcla de óleo y temple.

 

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Diego Velázquez, Dios Marte (The God Mars), 179 cm x 95 cm.

 

La receta tradicional del temple de barniceta es:

  1. Un volumen de yema de huevo (una yema por lo general contiene entre 15 y 17 mL, y su propio volumen determina el volumen de los demás materiales).
  2. Un volumen de barniceta (ya sea barniceta simple, barniceta primma o barniceta primma espesa. No barniceta de cera o barniceta de cera grosso).
  3. Un volumen de agua destilada (puede usarse agua de plancha sin aditivos o agua de lluvia, si se tiene la dicha de vivir lejos de la ciudad).

Utensilios para preparar el temple:

  1. Un tazón. El tazón debe ser de peltre, porcelana o vidrio, preferentemente (una tasa de café puede cumplir perfectamente la función)
  2. Un brochuelo.
  3. Un frasco o cacharro pequeño para contener la clara de huevo momentáneamente.

Pasos a seguir:

  • Primero se debe romper el huevo y separar la clara de la yema, colocando la clara en un tazón y manteniendo la yema en el cascarón. Se debe tener cuidado de no romper la yema al separarle de la clara.
  • Segundo: Se pone la yema, sin la membrana que la recubre, en un tazón. Para quitar la membrana fácilmente se recomienda, una vez separada la clara de la yema, colocar la yema sobre un trozo de papel de baño o papel absorbente, pincharla y verter su contenido en el tazón. De esta forma, la membrana quedará pegada al papel y podremos desecharlo fácilmente sin hacer un batidero. La mitad del cascarón de huevo roto en la que sosteníamos la yema es una buena taza de referencia para medir los volúmenes respectivos de barniceta y agua que nos falta agregar.
  • Se mide aproximadamente el volumen de barniceta en la cáscara de huevo y se coloca junto con la yema en el tazón.
  • Se baten la yema y la barniceta, machacando los ingredientes con el brochuelo. Se debe presionar con las cerdas del brochuelo hasta el fondo del recipiente con fuerza, como si de un mortero se tratara. Esto es imperativo para que la emulsión se logre, pues sólo batir o agitar los ingredientes no logrará la emulsión (el temple) y eso resultaría en problemas, una vez colocada en el soporte. Es por esto que es necesario batir el temple aplastando el brochuelo contra el fondo de nuestro tazón, una y otra vez, hasta que la mezcla sea perfectamente homogénea. El movimiento es similar al que hacemos con una bomba de mano para destapar inodoros. Nota: El brochuelo debe haber sido utilizado únicamente para preparar temple; si se ha usado para pintar, los residuos de color que éste contuviera mancharán al temple.
  • Por último se agrega un volumen de agua destilada y se vuelven a integrar los materiales mediante el mismo proceso de machacado.
  • ¡Ya esta listo nuestro temple, podemos comenzar a pintar! Pero antes debemos guardarlo en un recipiente con tapa, para que no se le evapore ni la trementina de la braniceta, ni el agua. El temple tendrá una vida útil aproximada de una semana, si lo mantenemos en refrigeración. Una vez se eche a perder -huele a huevo podrido cuando esto ocurre- se debe tirar el temple y preparar uno nuevo, pues así ya no es útil para pintar. El frasco en que se echó a perder se debe tirar si es de plástico o hervir si es de vidrio, de lo contrario el siguiente temple que guardemos en él se pudrirá rápidamente. Es conveniente sólo sacar del refrigerador la cantidad de temple que habremos de utilizar, para extender la vida útil del temple el mayor tiempo posible y no desperdiciar nuestros temples por podrirse antes de terminárnoslos.
Andrew Wyeth, Willard Coat, Acuarela y Dry Brush (1968)

Andrew Wyeth, Willard Coat, Acuarela y Dry Brush (1968)

 

Este temple puede ser usado con un solo volumen de agua o hasta con 10 volúmenes; la cantidad de agua depende de lo que se desee pintar. Hay que considerar que a más cantidad de agua tenga el temple, menor será su capacidad de anclaje y por lo tanto, menor la cantidad de pigmento que podrá cargar. Usar el temple muy diluido es ideal para ciertos tipos de veladuras fluidas, o para ciertas etapas de los cuadros, como los comienzos. La razón es debido a que por la gran cantidad de agua, esa primera mano penetrará fácilmente en la imprimatura y nos permitirá construir a partir de ella con mejores resultados. Otra característica del temple con mucha agua es su carácter visual mate. A más agua contenga un temple, será más magro y a menos agua contenga, será más graso. Un temple magro será mate y un temple graso será un poco más lustroso o satinado, dependiendo esto también de la cantidad y el tipo de pigmento -o cargas- que se le agreguen.

También puede ser utilizado este temple, diluido con poca agua, o incluso sin diluir. Esto nos permitirá dar pinceladas más gruesas y lustrosas, y es de hecho ésta la manera en que debe utilizarse para ser mezclado con óleo, ya que el agua dificulta un poco la fusión de estos dos medios. Otro elemento importante que facilita la integración entre el temple y el óleo son las cargas que se le agreguen a los mismos para realizar los impastos. Se recomienda sólo usar cargas sutiles, como el caolín y el carbonato, en las primeras manos y no ponerle cargas ni muy pesadas ni en mucha cantidad a las mismas, ya que éstas no resistirán, a menos que se les agregue más barniceta u óleo a nuestros impastos. A mayor cantidad de óleo o barniceta, más variedades y cantidad de cargas pueden ser utilizadas.

 

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Andrew Wyeth, Airborne, temple sobre tabla y Dry brush.

 

Para usar cargas pesadas en conjunto con el temple, en caso de que se quiera utilizar éste como técnica única sin mezclarlo con óleo, habría que agregarle la clara del huevo al mismo temple e integrarle con los demás materiales. De esta forma se tendría la posibilidad de agregar cargas considerablemente más pesadas, como arenas sílicas delgadas, y mayor cantidad de cargas delgadas, como carbonato de calcio o el caolín. Por supuesto, a mayor proporción de pigmento y carga, mayor la proporción que se requiere de temple y menor la cantidad de agua que éste debe tener. Con la clara, la calidad visual del temple cambia y se vuelve ligeramente menos oleosa; si esto representa un problema, se pueden poner veladuras finales sobre las cargas con un temple sin clara.

Si un cuadro se comenzó con un temple hecho con x tipo de barniceta, los temples que se utilicen para continuar el cuadro deben ser de preferencia preparados con el mismo tipo de barniceta, o barnicetas más gruesas conforme se avance hacia las capas superiores. Nunca debe continuarse con barnicetas más delgadas, porque las capas de pintura podrían tener problemas, a causa de las variables en los tiempos de secado.

Si tienen alguna duda respecto al uso de este temple, o respecto a su combinación con óleo, no duden en dejarnos un comentario.

 

Razones por las que el temple es, aún hoy, la técnica de pintura más completa que hay

Julio 4, 2016

 

3456-006.jpg Andrew Wyeth Off at Sea, 1972 tempera on panel overall: 85.73 x 85.09 cm (33 3/4 x 33 1/2 in.) Private Collection © Andrew Wyeth

Andrew Wyeth, Off at Sea, 1972, temple sobre tabla, 85.73 x 85.09 cm, Private Collection © Andrew Wyeth

 

Aunque hoy en día ha caído en desuso, el temple es uno de los medios de pintura más antiguos que existen. En últimos tiempos ha sido remplazado por óleos, gouaches, acrílicos y acuarelas prefabricados que las empresas de materiales vendemos, probablemente por la practicidad que nos brinda la posibilidad de apachurrar un tubo y extraer pintura para pintar de forma inmediata. Sin embargo, pese a los avances tecnológicos de la industria de los materiales de pintura, el temple sigue siendo quizá el mejor, más versátil y visualmente atractivo medio de pintura de la historia, no teniendo un sustituto entre los medios actuales, ni comparación en cuanto a los resultados que con él se logran.

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