En el pasado solía decirse que al pintar paisajes, los fondos y las lejanías debían pintarse con ocres y sienas. Aunque ésta era la tradición, no se decía sólo por tradición, sino que tenía una razón de ser más profunda: se debía a que los ocres y sienas son pigmentos muy delgados que permiten transparencias y que, por lo tanto, son ideales para hacer veladuras muy delgadas y generar la sensación de lejanía. Por otro lado, y a diferencia de las sienas, existen otros pigmentos -como los óxidos de hierro- que tienden a ser cubrientes, gruesos y muy tintantes. Estos pigmentos no permiten trabajar óptimamente con veladuras, ni generar transparencias y mucho menos producir la sensación de gran lejanía. En este tipo de casos, a pesar de que el color de ambos pigmentos (mencionados y ejemplificados arriba) es similar en cuanto a valor, la función que desempeñarían ambos en nuestra paleta sería distinta y no podrían ser sustituidos el uno por el otro. Es por esta razón que no bastaría con tener uno sólo de estos pigmentos en nuestra paleta, especialmente si el que tenemos lo hubiéramos escogido sin considerar la función que deseamos que desempeñe en nuestro resultado final.
Por supuesto, este fenómeno no sólo ocurre en cuanto a óxidos y sienas, sino que existen muchos pigmentos que son gruesos o delgados. Existen negros gruesos, como el negro óxido, y negros delgados, como el negro de humo; blancos gruesos como el plomo y blancos delgados como el titanio; azules gruesos como el cobalto y azules delgados como el ftalo; y así en todos los colores. La forma de identificar si un color es grueso o delgado es conociendo su tipo de molécula, según su nombre químico o, más fácil aún, por las etiquetas en sus envases.

De izquierda a derecha: transparente, semitransparente, semicubriente, cubriente.
Tomar en consideración el grosor y la delgadez de los pigmentos puede enriquecer considerablemente nuestras posibilidades pictóricas y permitirnos nuevos y mejores resultados. Una de las grandes ventajas de esta característica de los pigmentos (ya sea la delgadez o grosor de sus moléculas) es que nos permite jugar mucho más con la sensación de los colores que avanzan y retroceden. El grosor de los pigmentos, como mencioné anteriormente, tiene la capacidad de producir la sensación de distancia o proximidad. Este elemento de la pintura –que es el avanzar y retroceder de los colores–, del cual se habla muy poco en la pintura actual, nos permite abordar los cuadros y la composición de los mismos, no sólo como planos bidimensionales, sino como espacios tridimensionales y virtuales, independientemente de si nuestra pintura es abstracta o figurativa.
Gracias a implementar este tipo de técnicas, tanto la experiencia del espectador como la experiencia creativa de nosotros como pintores se enriquece profundamente. El grosor y la delgadez de los diferentes pigmentos es uno de los elementos clave en cuanto a esta ilusión que la pintura debería poder producir; bien entendida abre una enorme puerta a todo artista. En una publicación futura profundizaré más en este tema en específico: hablaré sobre cómo utilizar el grosor o delgadez de nuestros pigmentos, pinturas y cargas para generar espacialidad en nuestros cuadros.
Para terminar mencionaré brevemente dos características más, que no dependen del color de los pigmentos, sino de sus características físicas y químicas, y que nos son útiles a considerar a la hora de comprar colores para nuestra paleta.
- Veladuras: podríamos definirlas como velos delgados de color, utilizados para cubrir y entonar otros colores colocados previamente sobre el lienzo. Muchos grandes maestros de la antigüedad se valieron de esta técnica, que produce una brillantez y luminosidad impactante en los cuadros, para producir sus más grandes obras; son las veladuras las que han permitido a los grandes coloristas de todas las épocas hacer vibrar el color de sus cuadros. Ésta es una técnica que depende en gran medida, más que del color de nuestros pigmentos, de su transparencia y respuesta ante la luz. De hecho, la tan aclamada técnica veneciana utilizada por tantos grandes maestros se vale por completo de esta forma de aplicar la pintura, misma que depende en su totalidad de las características de los distintos pigmentos al ser usados como veladuras.
- Undertones: esta característica de los colores podría traducirse literalmente como la voz grave de los colores o la voz oculta de los colores. Existen colores que al ser aplicados -gruesos o delgados- producen interesantes variables tonales, efecto que en inglés se conoce como undertone y que podría ser considerado como la personalidad oculta de los colores. Esta característica que tienen algunos pigmentos es sumamente útil al hacer pinturas monocromáticas, grisallas, veladuras o simplemente como una bella herramienta más para agregar a nuestros abanico de recursos pictóricos.
En la segunda mitad de esta publicación profundizaré mucho más respecto a estos dos últimos puntos.