En un esfuerzo por aumentar el formato de los cuadros religiosos y para facilitar el transporte de lienzos para pintar cuadros costumbristas -en los que se retrataban escenas de la vida de los reyes, como las salidas de cacería o los días de campo en la campiña-, los artistas se vieron obligados a buscar tratamientos mas elásticos para su pintura. La pintura pasó de ser exclusiva para muros y retablos -ambos con superficies rígidas-, a ser pintura de caballete o pintura sobre tela, técnicas preferibles por ser enrollables, ligeras y fáciles de transportar. Este tipo de pintura sólo fue posible gracias a las cualidades del óleo, y particularmente a las cualidades de su medio: el aceite. El aceite, así como permitió realizar cuadros sobre bastidores blandos, también permitió que los formatos de la pintura de caballete crecieran dramáticamente, ya que al ser flexible, ésta dejaba de ser tan propensa a craquelarse con el movimiento.
Para producir este tipo de lienzos de gran formato, que pudieran ser enrollados, tuvo que adecuarse una imprimatura que tuviera las mismas características flexibles que el óleo; esto fue posible agregando aceite a la imprimatura de creta, con la misma finalidad de volverla flexible. De esta forma nacieron la imprimatura de media creta y la imprimatura de aceite.

Pintura al temple sobre panel de madera
Tanto la imprimatura de media creta, como la imprimatura de aceite, son elaboradas con los materiales tradicionales de la imprimatura de creta (agua destilada, carbonato de calcio, cola de conejo y blanco de zinc), sumándole aceite de linaza refinado. Al ser usada con técnicas de óleo, temple de barniceta o técnica veneciana, esta imprimatura tiene la gran ventaja de que, debido al aceite que contiene, las partículas de aceite -tanto del medio como de la imprimatura- se adhieren unas a otras, generando una sola materia unificada.
A diferencia de otras imprimaturas para óleo que no contienen aceite, como las de gesso acrílico que son tan comunes en el mercado, las imprimaturas de aceite y de media creta tienen la ventaja de que al unificarse las capas de pintura con la imprimatura, ambas envejecerán de forma similar y con un ritmo en común. El beneficio que esta peculiaridad conlleva es que aun si la pintura con los años se craquelara, no se vería comprometida, pues ésta formaría parte de las capas profundas de la imprimatura no sólo por absorción, sino por adhesión molecular, significando que su vida sería mucho más extensa y de una forma más óptima. La imprimatura de gesso acrílico, por otro lado, no comparte un mismo tipo de moléculas con el aceite y por desgracia, debido a que ambos materiales envejecen de manera distinta, estos tienden a tener problemas que surgen con el paso de los años. Los grandes problemas de los acrílicos, al ser utilizados junto con materiales orgánicos como el óleo, se deben a que todos los acrilatos se acidifican con el tiempo y aceleran dramáticamente el proceso de envejecimiento de las partículas de materia orgánica a su alrededor, como las que constituyen el aceite utilizado en la pintura al óleo. Esta reacción provoca con los años la craquelación de las partículas de ambos medios y su expulsión del soporte.
