Objetivos del taller:
-
- Analizaremos cómo observar la luz.
-
- El color y contraste en la práctica pictórica.
-
- La iluminación solar y su representación en el color.
- Cada alumno realizará un ejercicio en la técnica de Sorolla durante el taller.
4
La Luz en el Dibujo
Lunes 5 al Jueves 8 de Diciembre de 2016
De 10:00 a 14:00 Hr.
$3600.00 (incluye materiales)
Alberto Durero (1471 – 1528), gran dibujante, pintor y grabador alemán, ideó en su momento algunos aparatos para resolver las problemáticas que le presentaban las dimensiones y la perspectiva de los temas que dibujaba. Estos inventos le permitieron tener mayor precisión sobre las formas de los objetos en sus representaciones y, por tanto, controlar las proporciones, los escorzos y las perspectivas de los mismos elementos en sus obras.
Si bien muchos de aquellos instrumentos ya habían caído en desuso con el pasar de los siglos, durante el siglo XX fueron prácticamente legados al olvido. No obstante, aún hoy la perspectiva, la forma, el trazo, la calidad de línea, la composición y las proporciones, entre otros, siguen siendo de gran importancia para nosotros los dibujantes contemporáneos.
Aquello que concierne a la línea no es lo único importante del dibujo, de hecho podríamos decir que es exclusivamente la mitad de la historia. La intensidad de la iluminación, en cuanto a los objetos, es el segundo elemento importante a considerar. Ésta implica, entre otros factores, el cómo producir la ilusión de volumen y, por lo tanto, el uso de contrastes —factor que incluso en el dibujo abstracto es esencial. El dibujo trata principalmente sobre las formas y la luz que éstas reciben y así ha sido estudiado a través del tiempo por gran cantidad de artistas. Tener control de la luz permite determinar la sutileza, teatralidad, exaltación, emoción, la atmósfera y el dramatismo de un dibujo. Bien podríamos decir que tener una clara intención de iluminación en una imagen bidimensional es tan importante que, en muchas ocasiones, es de eso de lo que depende el estar más cerca de bien lograr un dibujo o una pintura.
Cuando se estudia la luz en el dibujo, es necesario analizar las formas básicas tridimensionales presentes, semipresentes y ocultas entre los objetos. Éstas las podemos encontrar entre las formas o personajes que se desean representar en el dibujo y sirven de estructura fundamental para representar nuestras ideas. Así mismo, se deben analizar las diversas texturas que componen los elementos para lograr la representación asertiva de luces, brillos y reflejos. Cuando incide la luz sobre los cuerpos, se producen patrones dibujísticos diferentes que estimulan la creatividad expresiva del artista para ser plasmados en diversas formas, desde en un dibujo sugerente, hasta en la más precisa representación tridimensional.
Si ejercitamos las líneas de las formas y sus volúmenes, en conjunto con la iluminación, es posible llegar a dominar efectos luminosos únicamente accesibles a la mente de los artistas a través de la imaginación. Es con ese dominio que adquirimos la capacidad de representarlos mediante el dibujo.
Distintos pintores de todas las épocas han dejado dibujos, frases, textos y libros completos donde hablan de lo valioso de la geometría en relación al dibujo, no sólo en cuanto a la estilización de la forma, sino también en relación a la comprensión de la luz. Hokusai, Salvador Dalí, Leonardo da Vinci, Rubens, Cézanne, entre otros, se han valido de la geometría para enriquecer, tanto sus dibujos y su pintura, como la de sus alumnos.
Objetivos del taller:
-
- Estudiar la relación entre geometría y volumen.
-
- Volumen y saturación de materiales.
-
- Volumen en luces y sombras.
-
- Intensidad de iluminación.
-
- Cuerpos y texturas opacos, pulidos y brillantes.
-
- Alto, medio y bajo contraste.
- Elaboración de un ejercicio tridimensional, por alumno, con un controlado manejo de la luz.
5
El desnudo al óleo con modelo.
Lunes 5 al Jueves 8 de Diciembre de 2016
De 15:30 a 19:30 Hr.
$3600.00 (incluye materiales)
A lo largo de la historia de la pintura han existido distintas técnicas empleadas por los pintores para retratar la figura humana: acuarela, encausto, lápiz, caseína, carboncillo, entre otras. Sin embargo, hay una diferencia entre todas estas técnicas, y es que cada uno de estos medios exige una manera propia de aproximarse a la representación pictórica. Es imposible retratar un modelo con carboncillo de la misma manera que se haría con acuarela, o inclusive con lápiz. Los diferentes medios no sólo nos exigen formas distintas de trabajo, sino que, gracias a sus características diversas, también nos ofrecen posibilidades pictóricas distintas.
El óleo tiene la cualidad de poder ser utilizado tanto de forma fluida como empastada, otorgando al pintor una gran cantidad de posibilidades que son particularmente interesantes al trabajar el cuerpo humano. Nuestro cuerpo tiene muchas particularidades que, así como le hacen sumamente atractivo, le vuelven una temática pictórica bastante compleja. Para retratar la figura humana con precisión, y sacar el mayor partido de sus características, se requiere un medio que permita explorar sus diversos aspectos.
El cuerpo humano posee por un lado estructura, por otro, movimiento, tridimensión y por último, la piel. Para ser captados asertivamente, la estructura y el movimiento requieren de un medio fluido y de un dibujo preciso, el medio debe tener la capacidad de responder ante la acción del artista y el óleo es un medio que tiene la capacidad de hacerlo. Otra ventaja del óleo es que, así como en su estado fluido tiene la capacidad de registrar la libertad del trazo, es también capaz de exaltar el volumen del cuerpo representado. El volumen se genera por medio de la corporeidad misma del material, ya que sobre el lienzo es la densidad la que se convierte en la materialidad misma del cuerpo representado. Artistas de distintas épocas como Rembrandt, Tiziano, Van Gogh, Baselitz, junto con otros grandes pintores del pasado y el presente, hicieron uso de estas cualidades del óleo en los cuerpos y rostros que retrataron.
Otra característica importante del cuerpo humano es su colorido, mismo que —debido a las características inherentes a la carne— es considerablemente complejo de representar. Un medio que nos permita explorar con profundidad la encarnación en la pintura debe tener la capacidad de producir veladuras de distintos grosores: algunas sutiles que permitan la transparencia y, a la vez, otras que puedan producir gran opacidad para jugar libremente con el color y la luz física. Son estas características las que consiguen que se logren representar las difíciles calidades de la piel que requieren tan diversos tonos.
Una de las técnicas capaces de satisfacer todas estas diversas necesidades, y que ha sido durante varios siglos la preferida por grandes pintores de la figura humana, es el óleo. Una buena técnica de óleo nos permite trabajar de forma sumamente fluida y espontánea, pastosa, densa y texturada, a la vez traslúcida u opaca, con diversas calidades de brillo y diferentes tipos de glaseados, dependiendo de nuestros intereses y necesidades pictóricas. Todos estos pasos permiten obtener, no sólo un retrato, sino un retrato tridimensional; un cuerpo que no sólo sea una imagen sobre una tela, sino que habite el espacio y aparezca frente a nosotros, no como una ilustración de algo, sino como una entidad en sí misma que nos confronta.
Objetivos del curso: