La caseína (del latín caseus, "queso") es el nombre que se le da a una familia de fosfoproteínas relacionadas, empleada por distintos pintores a lo largo de la historia como medio para pintar o fijar materiales en sus pinturas. Este compuesto se encuentra comúnmente en la leche de diversos mamíferos, así como también en la sangre de distintos animales. La caseína posee una gran variedad de usos, desde ser uno de los componentes principales del queso, hasta sus ya mencionados usos como pegamento o medio para fabricar pintura.
La caseína ha sido utilizada como medio para pintar desde hace varios siglos. Incluso podríamos decir que ha sido empleada desde hace milenios, ya que los pintores de las cavernas inconscientemente hicieron uso de sus cualidades como fijador, al pintar con sangre, leche u otros fluidos animales que la contienen.
En épocas más cercanas a la nuestra -más cercanas que la época de las cavernas-, la caseína fue utilizada por artesanos que fabricaban cartonería, o por pintores que hacían trabajos en papel o pergamino, como las ilustraciones de manuscritos de la Edad Media.
En el caso de los manuscritos, algunas de sus ilustraciones se realizaban con temple de leche, el cual por las características brillantes y fijantes de la caseína, era ideal para adherir los pigmentos a las páginas de tal forma que aguantaran el movimiento que implica pasar las páginas al leer los libros, sin caerse con el tiempo.

Descenso del Espíritu Santo, The Black Hours (Libro negro de las horas), c. 1475.
El temple de caseína
La caseína como medio de pintura fue también ampliamente utilizada en Egipto, a manera de temple de caseína. Como muchos sabrán, la pintura al temple es una que utiliza huevo como medio principal, para pegar los pigmentos al soporte.
El temple de caseína posee prácticamente las mismas características visuales del temple de huevo tradicional, que son una gran luminosidad en el color y ventajas para ser trabajado a manera de veladuras; a esto se suman las características de la caseína, que son un pegado mucho más fuerte al soporte que el que permite el temple por sí solo, así como la capacidad de cargar una mucho mayor cantidad de pigmentos, por la propia adherencia del medio.