Cecily Brown (Inglaterra, 1969) produce cuadros con exuberantes cantidades de pintura, donde se reconocen fragmentos de figuras que en ocasiones nos hacen dudar respecto a lo que creemos que representan. En un punto intermedio entre la abstracción y la figuración -términos que la pintora rechaza-, sus pinturas están repletas de colores que remiten a encarnaciones. Rojos, rosas, cafés verdosos y amarillentos, tendidos sobre lo que muchas veces aparentan ser paisajes abstractos. Pintados con brochazos de apariencia fugaz e incluso violenta, su obra no sólo nos remite al cuerpo humano por la forma en que pinta y las figuras presentes en sus cuadros, sino también por la cantidad de pintura que la artista emplea y por la escala en la que trabaja sus imágenes.
La obra de Cecily Brown ha sido muchas veces descrita como producto de la experiencia de vida que trae consigo el tener un cuerpo hecho de carne. Este aspecto de la vida que la artista retrata e investiga en su obra se vislumbra a través de la representación del cuerpo, pero también a través de la investigación del cuerpo de la pintura en sí. Su obra es, en tanto que cuerpo, el cuerpo metafísico de la pintura a lo largo de la historia, así como también el cuerpo como materia misma, la pintura con la que un cuadro se pinta.

Cecily Brown, Hollyhocks that Aim too High (Malvarrosas demasiado ambiciosas), óleo sobre lino, 134.6 x 154.9 cm, 2013. Fotografía de Rob McKeever.
La obra de Cecily Brown ha sido muchas veces comparada con la obra de distintos expresionistas abstractos, relacionando los estilos de la forma más obvia y literal. Sin embargo, al ser analizada nos damos cuenta que la similitud surge de intereses en común más profundos que sólo estilísticos. Al igual que la obra de muchos expresionistas abstractos, quienes estuvieron profundamente interesados en la libido, el inconsciente y el psicoanálisis, la obra de Cecily Brown nos remite, entre otras cosas, a nuestras pulsiones inconscientes. Podríamos decir que sus lienzos son una emanación misma del Eros y Tánatos que Freud identificó como parte de nuestro inconsciente. Más no son exclusivamente emanaciones, sino reflexiones en sí mismas: un indagar respecto a su origen y a las necesidades que encarnan. En la obra de Brown estas emanaciones toman forma a través de representarse a sí mismas en pintura, a lo que se suma las repercusiones de su procedencia de reflexiones sobre la historia del arte y, en particular, de la pintura.
La vida vista a través del cuerpo, lo irrevocable de la muerte y la búsqueda de la eternidad a través del sexo -o quizá a través de un acto de creación como lo puede ser el arte- es un motor que ha sido investigado por la artista a través de innumerables lienzos de artistas previos a ella. Muchos de estos artistas de hecho aparecen como referencias visibles en la obra misma de la artista.
"Al margen de si la pintura se inventó, como aseguraba Willem de Kooning, para representar la carne humana, la historia de la carne y el acto de pintar están íntimamente relacionados con el hecho de tener un cuerpo carnal, de ser finito. Pintar, como ya se ha señalado, no es sólo cuestión de componer cuadros, sino también de realizar ese acto creativo con plena conciencia de ello, de manera reflexiva. La pintura es un líquido que se solidifica o, por expresarlo en otros términos, un material vivo que muere, y sin embargo, por paradójico que resulte, se asume que el acto de pintar equivale en cierto sentido al de dar a luz".
La pintura hoy, editorial Phaidon.

Cecily Brown, Fair of Face, Full of Woe (Rostro bello, colmado de aflicción), óleo sobre tela, cada tela:43.2 × 33.3 cm, 2008.