El nacimiento del género pictórico conocido como action painting en el siglo XX, generó en el lenguaje pictórico de la pintura occidental un lenguaje teórico específico para hablar del gesto como un valor estético significativo. A esta forma de pintura se le conoce hoy en día cómo pintura gestual.
El crítico de arte Harold Rosemberg consideraba que algunos de los pintores expresionistas abstractos habían dejado de considerar el lienzo como una superficie sobre la cual pintar. Por otro lado, habían comenzado a emplearla como una superficie sobre la cual registrar un acontecimiento. Sin embargo, este acontecimiento no era representado, como se habría hecho en la pintura histórica. En cambio, lo que se mostraba era el mismo encuentro expresivo entre el pintor y el lienzo. Esta actividad quedaba registrada en los trazos que el mismo artista producía con los materiales pictóricos. Entre ellos, las manchas, rayas, goteos, salpicaduras y puntos que, entre otros gestos, eran sus recursos principales de expresión. De esta forma, los lienzos y las pinturas mismas pasaron a ser arenas, en lugar de ventanas. Y lo que se puede ver hoy en estas arenas son las huellas dejadas por lo acontecido sobre dicho terreno.
Si bien la teoría de arte puntualizó con claridad esta circunstancia hasta el siglo XX. Sin embargo no puede decirse que el uso del gesto en la pintura no tenía presencia hasta dicho momento. El gesto pictórico ya había sido parte significativa de la pintura durante siglos. Lo único es que la teoría del arte occidental no había ahondado mucho en ese tema hasta entonces.

Daikokuten (Dios de la riqueza). (1972). Kazuo Shiraga. Pintura alquídica sobre lienzo. Tamaño 131.1 cm x 162.9 cm
Antecedentes de la pintura gestual
Para hablar de pintura gestual se debe, sin duda, comenzar en oriente y no en occidente. Clement Greenberg, así como hacía alusión a la música para teorizar sobre la pintura abstracta de mediados del siglo XX, también volteaba los ojos a oriente y a su pintura. Solía mencionar que en la pintura oriental se privilegiaba lo pictórico sobre lo narrativo. Así como en occidente se privilegió por siglos lo narrativo por encima de lo pictórico. Como ejemplo ponía la caligrafía de ideogramas orientales y las muchas variantes que un mismo ideograma podía tener en relación a la forma en que era escrito.
Para un calígrafo oriental, el contenido literal de lo escrito no es lo único significativo de una poesía o, incluso, de una palabra. La forma en la que fue escrita una palabra es igual de importante que lo que la palabra en sí pretende transmitir como concepto. De esta forma, el aspecto pictórico de algo que se narra con palabras escritas, es tan significativo como lo que fue escrito y, en muchas ocasiones, incluso más.
La caligrafía oriental
Es tan importante el gesto en la pintura oriental que en China existe el arte completamente no representativo y abstracto desde el siglo XIII. Así mismo, en la caligrafía oriental existen gestos que, sin ser del todo abstractos, tampoco son del todo conceptos. Un buen ejemplo de ello es el ensō del arte zen, el cual sin ser un ideograma y sin tener un significado específico, forma parte importantísima de la tradición caligráfica japonesa. En palabras del calígrafo contemporáneo Kasuki Tanahashi, "el ensō se aprecia por lo que es". Zen implica la ausencia de significado y de interpretación, privilegiando la experiencia directa y no mediada. Por lo tanto, en términos pictóricos, aquello simbólico del ensō es en sí mismo el gesto, la forma, el color, el movimiento de la tinta y una complejidad infinita repleta de infraleves perceptibles en dicho gesto de apariencia tan simple.

Ensō, Miracles of each moment (Milagros de cada momento). (2003). Kazuaki Tanahashi. Tamaño 15" x 17".
Ensō
Se dice que para el zen ensō simboliza la vacuidad. Es decir, la perfecta iluminación, mu, elegancia, simpleza y el universo. Sin embargo, representar la vacuidad para el zen es en realidad un despropósito. Un símbolo que representa vacío no es en realidad el vacío en sí mismo, puesto que está lleno de significado. Al igual que en el uso que hace el zen del kōan. Este puede ser considerado un acertijo que no puede responderse racionalmente. El significado que el ensō tiene para el zen no es un significado que pueda comprenderse de manera racional. Únicamente puede aprenderse en sí mismo y por lo que es en sí.
Kasuki Tanahashi es un calígrafo contemporáneo que practica zen desde hace varias décadas. Esto quiere decir que lleva pintando ensō por más de 50 años. A todos los ensō que pinta les a dado el mismo título: Milagros de cada momento. Dicho título puede dejarnos ver cierto aspecto de la importancia del gesto en la pintura y del significado detrás del ensō.
Ensō y la pintura
Cuando uno realiza un trazo, la pintura y el pincel producen algo variable. No hay dos trazos iguales. Aunque guiamos la pintura y el pincel sobre el lienzo, en gran medida ambos hacen lo que quieren. Esto quiere decir que el acto de pintar es, en cierta forma, un baile entre el artista, los medios y utensilios de la pintura. Podemos retrazar nuestros brochazos una y otra vez hasta que queden como esperábamos. Sin embrago, esto implica que perderemos lo espontáneo, que es aquello no creado por nosotros. A veces es más gratificante poner atención a lo que ocurre por sí mismo, puesto que puede ocurrir un pequeño milagro.
Para el zen, el arte ha sido considerado una práctica espiritual por siglos. En particular, el acto de pintar es considerado óptimo permitiendole al practicante zen unificar su mente, corazón y cuerpo en un solo acto. Por otra parte, permite a su vez practicar el desapego. Para la pintura zen es de mucha importancia la no corrección y aceptación de aquello que quedó en el lienzo. Sin importar lo perfecto o imperfecto que pueda parecernos. Se dice que hacerlo es, una práctica de atención plena en el acto de pintar, para así no necesitar hacer correcciones. Por otra parte, esto otorga la posibilidad de percibir la realidad de la existencia, que siempre está más allá de lo que podríamos desear de ella, o no. Y, por último, le otorga al artista la capacidad de unificarse con dicha naturaleza que está más allá de su voluntad, en este caso mediante la aceptación y comprensión de las cualidades del material empleado.

Sin título. (1959). Kazuo Shiraga. Óleo sobre tela. Tamaño 182.2 cm x 271.8 cm.
La influencia de oriente sobre occidente
A mediados del siglo XIX, varios pintores occidentales comenzaron simultáneamente a prestar atención al gesto en su obra. Estos pintores fueron los impresionistas, los cuales estuvieron profundamente influenciados por el arte proveniente de oriente. Este movimiento comenzó en una etapa en que Europa tenía acceso a información, objetos y cultura de todo el mundo. Esto gracias a las colonias que muchos países europeos tenían en ese tiempo. Por lo tanto, los artistas de la época tuvieron acceso a arte de distintos países. Con necesidades y parámetros completamente distintos a los del arte occidental. Algunas de estas obras de arte fueron, precisamente, piezas traídas del lejano oriente.