Mucho se puede decir sobre el graffiti como una de las expresiones artísticas urbanas más conocidas del siglo XXI. Sin embargo, son pocos lo que hoy en día conocen los humildes comienzos del graffiti moderno, así como el proceso evolutivo que lo llevó de las pintas y la mera escritura en paredes, postes y autobuses hasta los murales impresionantes y las galerías de arte alrededor del mundo.
El graffiti ha flirteado constantemente con otras formas de arte urbano contemporáneas y ha apoyado todo tipo de revoluciones en este largo camino, llegando mucho más allá de las expectativas de sus precursores y volviéndose parte de la cultura popular de muchas generaciones, grabándose en la memoria colectiva hasta consolidarse como lo conocemos modernamente.
Observemos pues, el graffiti más de cerca.
Trasfondo histórico del Graffiti
La palabra “graffiti” (o en singular “graffito”) se refiere, en la historia del arte, a trabajos de arte producidos al rascar, raspar o rayar un diseño -generalmente con un estilete o punzón- sobre una superficie. Ya desde estos inicios, podía tratarse de nombres, dibujos o inscripciones de tipo irónico, satírico o burlesco.
Firma en graffiti conmemorando la Union de Lubin. Piotr Jeżewski, 1959.Si bien aquí nos vamos a concentrar en el fenómeno del graffiti moderno, es bueno también puntualizar que, de acuerdo con esta definición, el graffiti existe desde tiempos antiquísimos. Tanto así, que en la antigua Grecia, en la ciudad maya de Tikal, en los tiempos de los vikingos y en la segunda guerra mundial el graffiti ya estaba presente.
El abordar el tema desde esta perspectiva también resulta muy interesante, sin embargo, sigue otro curso que podría desviarnos de nuestro verdadero objetivo: ahondar en el fenómeno que es el graffiti como hoy en día lo conocemos. Así pues, la historia nos remonta en primera instancia a cierta localidad de los Estados Unidos a mediados de los 60’s.
Los inicios del graffiti moderno
Cornbread
Corría la década de 1965 en Philadelphia, EUA, cuando en las instalaciones del "Centro de Desarrollo para La Juventud de Philadelphia” ( Philadelphia's YDC por sus siglas en Inglés. Básicamente, era una correccional para menores), un busca pleitos de 12 años de nombre Darryl McCray, conocido como “Cornbread”, estaba por convertirse en quien hoy es ampliamente considerado como el primer artista de graffiti moderno en esta historia.
Cornbread (Darryl McCray)Su sobrenombre, “Cornbread” ("Pan de maíz") surgió de su predilección por este alimento durante su estancia en las instalaciones del YDC de Philadelphia. De hecho, era tanta su insistencia hacia los cocineros del YDC por recibir más pan de maíz (con el cual había crecido al lado de su abuela) que por eso decidieron apodarlo de esta manera, lo cual fue muy bien recibido por el joven Darryl.
Emocionado con su nuevo nombre, Cornbread decidió compartirlo con sus amigos, y con todo el lugar. En vez de formar parte de la violencia y del uso de drogas propios de ese entorno, Cornbread estaba constantemente en busca de nuevos lugares para dejar su marca, llegando a pintar prácticamente todo el YDC con su nombre. Firmó la sala de visitas, la iglesia, los baños y todo espacio posible de manera tan obsesiva que los trabajadores sociales llegaron a pensar que tenía algún problema mental.
Sobra decir que, cuando fue liberado, redobló esfuerzos.
Salió a tomar las calles de Philadelphia junto con amigos como “Cool Earl” y “Kool Klepto Kid" (quienes también se convertirían en futuras leyendas del graffiti) para que así, todo mundo en la ciudad los conociera.

Pintar su nombre en todos lados se volvió de lo más importante en su vida. Incluso fue de esta manera que conquistó a la chica que le gustaba (escribiendo “Cornbread ama a Cynthia” aquí y allá en la ruta que ella utilizaba para llegar a la escuela). Pronto acabó por inspirar a otros, quienes también buscaban un atisbo de fama, de su gloria.
Tiempo después, en algún punto, un periódico publicó erróneamente que Cornbread había muerto en el tiroteo de una pelea de pandillas, y su respuesta fue contundente: Se escabulló dentro del Parque Zoológico de Philadelphia y pintó en ambos lados de un elefante la leyenda “Cornbread lives” (“Cornbread vive”), hazaña que le valió acabar en prisión.
Para ese momento, sin embargo, su fama era ya precedente. Según relata él mismo en el documental “Wall Writers: Graffiti in its Innocence” de Roger Gastman, los propios guardias de la prisión le pedían su autógrafo.
“Mi nombre resonó como Jesucristo.” Dijo Cornbread.

Taki 183
Más o menos al mismo tiempo, similar a lo que sucedía con Cornbread y los crews (grupos de artistas del graffiti) de Philadelphia, algo interesante se cocinaba en el corazón de “La Gran Manzana”. Un movimiento paralelo de graffiti surgía en la Ciudad de New York.
Eran tiempos difíciles para la juventud de bajos recursos de la ciudad. En su libro “Training Days: The subway artists then and now”, Henry Chalfant y Sacha Jenkins relatan “New York no tenía mucho, [y] los niños tenían que pensar en que hacer ellos mismos.”
Entre esos niños, se encontraba un adolescente aburrido (como él mismo se definió) que se haría conocer como “Taki 183". Proveniente de Washington Heights, un barrio griego justo al norte de Harlem, su ahora famoso tag (o firma), legendario en la comunidad del graffiti, sería fruto de la unión entre un diminutivo de su nombre en griego, Demetrius, y el número 183 que era el número de su calle.
Firma o Tag de Taki 183Taki 183 no fue el primero en combinar el nombre y el número de su calle para convertir la mezcla en parte de la decoración de su vecindario en New York. Incluso él mismo menciona a “Julio 204” (quién no llegaba con su firma más allá del mismo barrio) como una de sus principales fuentes de Inspiración. Lo que marcó la diferencia es que Taki fue el primero en convertir el taggeo (o firmar) en un trabajo de 24 horas.
Armado con marcadores y latas de aerosol, se dió a la tarea de pintar su nombre a lo largo y ancho de todo New York. Elegía cuidadosamente el siguiente espacio para que sus obras fuesen tan notorias como fuese posible. Postes de luz, hidrantes, paredes, vagones del metro… incluso hizo un agujero en su chaqueta para poder mantener su mano oculta mientras “trabajaba”.
Demetrius/Dimitraki "Taki 183"Su empleo como mensajero en bicicleta era perfecto para andar de arriba a abajo por la ciudad, y lo llevó juntó con el graffiti hasta los vecindarios de clase alta del lado este de New York. Fueron tan exitosas sus incursiones en la zona que, a decir de él mismo en cierta entrevista que se le hizo años después, “Podías caminar 40 cuadras y ver mi nombre en cada poste”.