Azul ultramar sintético (PB29) de la marca KremerEl pigmento azul ultramar sintético apareció en el siglo XIX como caído del cielo a la pintura artística. Las cualidades del azul ultramar original eran por demás deseables, pero su relación con el rubro artístico era mucho menos cercana de lo que sus representantes lo fueran por cuestiones monetarias.
Quizás la mayoría conoce la famosa historia del azul ultramar: Un pigmento de una tonalidad sin igual, fabricado de la piedra semipreciosa lapislázuli, el cual era un luminoso mineral azul cuyo lugar de procedencia era Afganistán. Su nombre se refiere, de hecho, a estos remotos orígenes, utilizando las palabras del latín “ultra” (más allá) y “mar” (el océano) para designarlo.
Era demasiado costoso pese a su belleza (la cual, curiosamente, llegó a significar humildad y pureza) y su fabricación era laboriosa, así que era utilizado concienzudamente por los pintores, que en su mayoría lo usaban por encargo de algún acaudalado mecenas en turno, el cual debía decidir por cuánto azul ultramar quería pagar en su obra.
Este asunto se terminó después de que la Societé pour l'Encouragement d'Industrie (Sociedad para el fomento de la industria) ofreciera un premio en 1984 a quien lograse crear un azul ultramar sintético. ¿Quieres saber sobre el ganador y sobre las cualidades específicas de este famoso pigmento? Entonces no dudes en seguir leyendo esta publicación.
La historia del azul ultramar sintético
Pigmento azul ultramar de la marca Jackson'sTambién conocido como ultramar francés, azul francés, azul de Guimet, o azul permanente, el azul ultramar sintético es un pigmento de invención comparativamente moderna. El libro “Artist’s Pigments Vol.2” de la National Gallery of Art nos dice que la primera observación registrada de la sustancia parece haber sido hecha por Goethe, cuando en 1787, en el material para usar como pigmento. En el curso de sus viajes por Italia, notó depósitos azules en las paredes de los hornos de cal cerca de Palermo.
Comentó que las masas vítreas de color azul eran cortadas y utilizadas localmente como sustituto del lapislázuli en trabajos decorativos, aunque no mencionó si había surgido o no la idea de moler el material para utilizarlo como pigmento.
Entre los que algunos años después observaron fenómenos similares estaba Tassaert, quien encontró masas azules en hornos de soda de la fábrica de vidrio de Saint Gobin en Francia y, en 1814, envió muestras para su análisis al distinguido químico Vauquelin.
Su análisis mostró que el material azul tenía una composición química similar a la del ultramar natural derivado del lapislázuli. Luego, Tassaert comunicó sus hallazgos a la Société d'Encouragement pour l'Industrie Nationale con la sugerencia de que, sobre esta base, se podría invertir en un método para sintetizar ultramar.
Jean Baptiste Guimet (1795 - 1871)Así, en 1824, la Société ofreció un premio de 6.000 francos por el descubrimiento de un proceso industrial viable mediante el cual se pudiera fabricar ultramar sintético a un costo de no más de 300 francos por kilogramo. El premio no se otorgó hasta cuatro años después, ya que los concursantes anteriores simplemente habían presentado imitaciones basadas en cobalto o azul de prusia y, como informó la Société, sin tener en cuenta los análisis de ultramar natural que habían realizado Désormes y Clément y trabajadores posteriores.
Para abreviar una larga historia, el premio se concedió el 4 de febrero de 1828 a Jean Baptiste Guimet, que había instalado un taller en París; Guimet desarrolló un proceso exitoso para sintetizar ultramar al precio especificado y comunicó sus hallazgos a la Société d'Encouragement en febrero de 1828.
El azul ultramar sintético de Guimet se vendía en París a 400 marcos la libra, siendo entonces el precio del pigmento natural de 3.000 a 5.000 francos la libra según la calidad (la diferencia de precio es prácticamente absurda).
Independiente de Guimet, C.G. Gmelin, profesor de química en la universidad de Tübingen, descubrió un método ligeramente diferente para hacer el pigmento, basado en los resultados analíticos de Désormes y Clément, que publicó solo un mes después de la comunicación de Guimet a la Société.
Guimet abrió una fábrica para la producción comercial del azul ultramar sintético en Fleurieu-sur-Saone en 1830 y, mientras tanto, F. A. Kottig había comenzado a fabricar ultramar artificial en la fábrica de porcelana de Meissen. Muy pronto empezaron a surgir fábricas por toda Francia y Alemania y algún tiempo después en Inglaterra, Bélgica, Austria, Estados Unidos y otros lugares. De la vasta producción, por supuesto, sólo una pequeña fracción se habría destinado al uso como pigmento de artista.